jueves, 30 de octubre de 2008

Fraternidad del Sur: arte a la vera del Riachuelo.-

Nacida de la inquietud de una joven de la Villa 21 por registrar su cotidianidad en un documental, la asociación vecinal de artes inauguró en su propia sede una sala de cine donde cada fin de semana vecinos de todas las edades se reúnen a celebrar la cinematografía. Y donde entre semana pueden participar en forma gratuita de talleres de teatro, cine y fotografía. “Cuando la exclusión data de años y años, las esperanzas desaparecen. Los que viven acá terminan creyendo que son una mierda, como los ve la sociedad. El arte permite ver otra cosa, permite el renacimiento de las esperanzas”, propone Julio Zarza, impulsor del proyecto junto a su hermana Nidia.

Por Ailín Bullentini
Fotografía de prensa Fraternidad del Sur

Buenos Aires, octubre 30 (Agencia NAN-2008).- La producción y realización del documental Villera soy, el surgimiento de la Asociación Fraternidad del Sur en el seno de la familia Zarza, o los talleres itinerantes de pintura y fotografía que recorrían los pasillos de la Villa 21 pueden ser válidos puntos de partida para la historia de lo que hoy es la primera sala de cine localizada en una villa del país. Sin embargo, más adecuado e interesante es armar con ellos un combo y fundirlos en un relato que ostenta el desorden de las iniciativas que están siempre siendo, queriendo abarcar a cada paso un poco más. La batuta, y eso es indiscutido, está en las manos, la mente y el corazón de los hermanos Zarza que, con unas ganas casi prepotentes de demostrar a la población de "La 21" --ese conglomerado urbano que se extiende al sur del barrio porteño de Barracas, recostado sobre la orilla del Riachuelo-- que existen otras realidades posibles, y con el convencimiento de que el arte es una de las herramientas más útiles para lograrlo, emprendieron el trayecto que hoy, a más de un año de los primeros pasos, tiene su primera parada en la sala de proyecciones.

El espacio, inaugurado hace tres semanas, está construido sobre la casa de mamá Zarza, en la única calle asfaltada del barrio, cuyos costados se bifurcan en todas direcciones marcando los destinos de las casi 25 mil almas que habitan "La 21". El blanco inmaculado de las paredes sólo está roto por las huellas que dejan los chicos, fin de semana tras fin de semana, en su estampida por la escalera que los lleva a la sala. La carrera culmina en alguna de las sillas ubicadas frente a esa otra pared --la del fondo del escenario, ésta sí de un blanco brillante-- que oficia de pantalla. Las funciones, gratuitas, comienzan a media tarde. Los primeros en disfrutar de los sábados y domingos de película son los chicos, que intercambian sus lugares con adolescentes y adultos del barrio una vez terminada la primera función.

Para Julio Zarza, uno de los mentores del espacio y profesor del taller de teatro que tiene allí lugar una vez por semana, la importancia de este emprendimiento corre por varias vías. En primer lugar, porque “el ir al cine es algo en lo que dejan de pensar. Ya no se les ocurre con el precio de las entradas. Imaginate una señora que tiene seis hijos, ¿cómo hace para llevarlos a ver una peli?”. Pero además, y éste es el aspecto más destacable del proyecto, tanto él como el resto del grupo consideran que el cine y el arte en general son herramientas que permiten trabajar diferentes temáticas con vecinos acostumbrados a la monotonía del entorno.

Si por un lado les abren las puertas para realizar actividades los fines de semana --cosas “que pensaban les eran completamente ajenas por no contar con los recursos para alcanzarlas”--, también les dan la oportunidad de encontrar “facetas de ellos mismos que creían olvidadas o que ni siquiera pensaban que existían”. Es lo que parece sucederles a aquellos que participan del taller de teatro, todos los jueves de 20 a 22. “Cuando la exclusión data de años y años, las esperanzas van desapareciendo. Te puedo asegurar que la gente que vive acá termina creyendo eso que la sociedad ve en ella, terminan pensando que realmente son una mierda. El arte permite que ver otra cosa, permite el renacimiento de las esperanzas”, argumenta el profesor.

Además, Fraternidad del Sur funciona como un punto de conexión entre los chicos. A Julio, de 29 años, le preocupa el aislamiento que hoy se vive en el barrio y lo compara con sus tiempos de niñez, cuando entraban y salían micros que llevaban a los chicos a las colonias y a la escuela: “Ahí nos íbamos conociendo entre los pibes, íbamos haciendo amigos. Hoy no pasa eso, los chicos no se conocen y cada uno está defendiendo tu terreno”.
La magia arrancó con la inauguración de la sala y toma cuerpo en el amplio salón pero también sobre el escenario enmarcado en pesados telones rojos. “La respuesta de la gente nunca deja de sorprender. Yo, que pensaba que cuando les explicara los ejercicios de relajación con los que arranco la clase me iban a sacar a patadas, y no. ‘Esta buenísimo. Entro a acá y me olvido de todo’, me dicen --explica aún incrédulo Julio-- Ahí es donde confirmamos todo lo que pensábamos cuando creamos todo esto”.

Hoy son un grupo de 15 personas de entre 14 y 26 años. “Tuve que cerrar el cupo porque ya son muchos para un solo profe”, le explica Julio a Agencia NAN, justo después de prometerle a un vecino que tendría un lugar “solo porque sos vos”. Momentos después, esa misma cara que prometió estar “ahí” el próximo jueves apareció en los trailers de las películas que se filmaron en el barrio: La 21 Barracas, con idea y producción de Nidia Zarza, la hermana de Julio y --según él-- “verdadera impulsora del proyecto”; y Villa, producida y realizada por el director Enzio Massa.

El camino en las artes audiovisuales de la hermana mayor de la familia comenzó cuando tejió redes y golpeó puertas hasta poder reunir el equipo y los recursos necesarios para poner en marcha su primer proyecto: “Empezó con la idea de contar la realidad de las villas de la ciudad de Buenos Aires a través de su gente y, sin darse cuenta, terminó relatando su propia historia”, apuntó su hermano sobre Villera soy, el largometraje que Nidia estrenó en 2007. Ambas ficciones fueron protagonizadas por vecinos --muchos integran hoy el grupo de teatro; los otros nunca faltan a la cita de cine-- que cuentan historias sobre la realidad cotidiana que los empantana, un ambiente tan viscoso y pesado como las aguas del Riachuelo que mojan algunas de sus casas.

Nidia llevó la idea al grupo de estudiantes de cine que coordina el director y presidente de la organización social SOS Discriminación, Víctor Ramos, pero reservó el protagonismo de ser las voces del documental a los habitantes de los barrios. “La primer experiencia fue tan gratificante que decidimos apostar a más”, explicó su hermano. Así, Villera soy fue el germen de los siguientes pasos de Nidia, pero ya no sola sino con la ya constituida Asociación Fraternidad del Sur.

“Es importantísimo que se sepa que no todo es droga, violencia y muerte en las villas. A cualquier persona ajena al barrio que le preguntes por la Villa 21 te va a contestar: ‘Ah, sí, donde aparecieron esos cinco cadáveres’. No somos sólo eso”, aseguró Julio, mientras acomodaba las sillas, una al lado de la otra, media hora antes de que llegaran los chicos. Oscar, de 13 años, que ayudaba en la tarea, aprovechó una escapada del profe de teatro y susurró como si fuera un secreto. “Tiene razón, es difícil vivir acá, pero más difícil es vivir afuera, siendo de acá”.

Nunca menos de treinta personas acuden cada sábado y domingo a las funciones, que fueron haciéndose conocidas entre los pasillos de boca en boca y por volantes que los mismos integrantes del grupo pegaron en los kioscos. “Es poquito lo que les damos, pero por lo menos es algo distinto. La idea es seguir creciendo y agregar otras actividades”. Como si eso fuera poco.

Sitio:
http://www.fraternidaddelsur.org

martes, 28 de octubre de 2008

Libros: “Araca, corazón!” (Tute, 2008).-

Algunos de los mejores trabajos de humor gráfico que Matías “Tute” Loiseau creó para su tira diaria de La Nación son recopilados aquí en una colección que termina abarcando al amor universal por lo que es en verdad: desamor.

Por Sergio Sánchez

Buenos Aires, octubre 28 (Agencia NAN-2008).‑ “¡Araca, corazón, callate un poco/ y escuchá por favor este chamuyo!/ No hay motivos para hacerse el loco/ si sabés que su amor nunca fue tuyo”, despabila el tango “Araca, corazón”, de Delfino y Vaccarezza, escrito en 1927. Ya en 2008, Matías “Tute” Loiseau convirtió esa composición musical en un libro de amor. ¡Perdón, de humor! Bueno, de ambos, porque Araca, corazón! es una obra de humorismo gráfico cuya temática está centrada en el amor. En la publicación, Tute muestra su capacidad para transformar una situación dolorosa, como el amor no correspondido, en una escena cómica digna de provocar carcajadas.

Con este fin, el autor construye sus historietas a partir de una mirada más cercana a la frustración del sujeto que a la gloria. “Creí que era especial, única y diferente… pero no, me rechazó igual que todas”, lamenta un hombre mientras se aleja cabizbajo. Más de una vez el lector tendrá que pensar si rió por compasión, identificación o simplemente porque la viñeta le pareció curiosa.

Este trabajo de humor gráfico, integrado por una selección de los trabajos que Tute publica a diario en La Nación, está ordenado cronológicamente según las etapas de la vida: niñez, juventud, adultez y vejez. Es que desde que uno nace hasta que muere está obligado a enamorarse. Como el anciano que le pregunta a su esposa: “Vieja, ¿Te pusiste a pensar que cada arruga en tu cara es una historia vivida conmigo?”. Como ella que, mientras teje, le responde: “Sí, viejo… me arrugaste la vida”.

Aunque suene paradójico, los personajes del libro casi nunca se tutean. Se tratan de usted y ese lenguaje formal en la comunicación entre las parejas dibujadas hace a la finalidad del autor: marcar distancia, desencontrar, explicitar una ruptura. Sentados en un banco de plaza, él le reprocha: “A veces parece que usted sólo se estuviera divirtiendo conmigo”. Ella: “No, Hugo, ni siquiera”. Es que en las relaciones humanas nunca hay un total acuerdo.

¿Cómo lograr entonces que dos personas coincidan en sus intereses amorosos? ¿Por qué uno puede enamorarse perdidamente de otro que nunca llegará a sentir lo mismo? Esas preguntas son las que intenta responder Tute con una interesante dosis de humor. “El amor es un buen vehículo para hacer reír, donde el humano tiene esta carga de diversión”, le contó tiempo atrás a Agencia NAN.

No es casual que Araca, corazón!, publicado este año en la colección Debolsillo de editorial Sudamericana, lleve el nombre de un tango clásico. Incluso no es exagerado definir al libro como un tango dibujado: Tute toma elementos que son propios del género musical, como la nostalgia y los fracasos amorosos, y los utiliza para crear un trabajo coherente y eficaz. Tal vez el libro triunfe porque la temática no escapa a ningún ser humano. Sin embargo, Tute encuentra también una ventana poco explorada en el humor gráfico: centralizar una obra en el amor y tratarlo, sin perder la gracia, por lo que realmente es. O sea desamor.

Sitio:
http://www.tutehumor.com.ar
Blog: http://tuteblog.blogspot.com

sábado, 25 de octubre de 2008

Libros: “Tres mundos” (Anich, Burzi y Scott, 2008).-

El trío de fundadores del Grupo Literario Alejandría ofrece una nueva antología, esta vez con menos relatos y con un monodrama, construidos a partir de los ciclos de narrativa que organiza el grupo.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, octubre 25 (Agencia NAN-2008).‑ Surgido del fenómeno de los talleres literarios de los últimos años, el puñado de escritores del Grupo Literario Alejandría editó su segundo libro, una compilación de cuentos breves más un monodrama y un fragmento, a cargo de los narradores Clara Anich, Juan José Burzi y Edgardo Scott (todos sub-32). Se trata de la segunda antología de relatos del grupo, pero la primera con letras propias, que circulan en blogs, talleres literarios y ciclos de narrativa.

Editado por El Escriba, Tres mundos reúne siete cuentos breves, un fragmento y un monodrama (obra teatral de un acto). Son 101 páginas que se leen de un tirón porque su interés consiste de plasmar en papel el fenómeno del ciclo de narrativa que Alejandría organiza. Es más, los textos están pensados para ser leídos ante el público. Los miembros del grupo se conocieron en el taller del dramaturgo y narrador Abelardo Castillo y desde 2005 llevan adelante las Noches de cuentos en el bar Bartolomeo. El año pasado, el por entonces quinteto publicó El impulso nocturno, 15 relatos inéditos leídos por sus propios autores en el Bartolomeo. La compilación fue becada por el Fondo Nacional de las Artes.

Anich (psicóloga y autora de las obras de teatro Cuando sea el momento, La familia de la planta baja y Los coleccionistas de bonsáis, además del libro inédito de cuentos En la noche, descalza) presenta “Noche para dos”, sobre una mujer que espera que un hombre le toque el timbre y la invite a destapar un vino, que “la desnude ciega frente al espejo y la recueste frágil sobre la cama”. En “Norma” (un monodrama de un acto) parece continuar la historia de aquella mujer, o quizá no sea la misma, pero sí es una que espera a otro mientras dialoga con el retrato de su madre, que la acompañó durante años de soledad absoluta.

Por su parte, Burzi, autor de la novela El trabajo del fuego y editor de la revista Los asesinos tímidos, aporta “Mil ojos” y “Fiesta”. “No se trataba de prostituirse. Sonia le explicó que nadie la tocaría. Simplemente iban a mirarla, a jugar a un juego de apariencia y fantasía. Quienes concurrían a ese lugar, en su mayoría hombres, simulaban creer todo, y tanto ellos como los que trabajaban ahí se entregaban a la farsa al punto de tomarla como verdadera”. En torno a esa ficción se construye “Mil miradas”, el relato más extenso y potente de la colección. En “Fiesta”, Burzi relata las sensaciones de aturdimiento y confusión de un joven.

Los últimos textos son finalmente del narrador Scott, autor de la novela corta Ficciones. En “Buceo”, Alejandro, un hombre aburrido de su vida cotidiana sale en busca de la acción que altere su monótona existencia. “Los hermanos” aborda las conjeturas del protagonista sobre la vida de su hermana, que apenas conoce (si bien creció con ella, nunca tuvo un vínculo fraterno sino un pacto de diferenciación absoluta impuesto por sus padres). El fragmento “La meditación de la bestia” trata sobre un monstruo que busca ser saciado de “apenas un puñado de secretos, apenas algunos cuerpos que logro develar cada dos o tres meses”. Finalmente, “Uvas” cierra el segundo libro de la Colección Alejandría describiendo la aventura de apropiarse de algo.

jueves, 23 de octubre de 2008

Teatro Comunitario en el Centro Cultural El Galpón de Floresta.-

En el marco del festival que durante octubre realiza la Red Nacional que nuclea a los hacedores del teatro comunitario, los grupos Catalinas Sur, Los Tololos Sanos y El Épico de Floresta deleitaron con obras comprometidas entre brindis de mates y facturas por el cuarto de siglo de la disciplina en el país. Agencia NAN compartió bombilla y obras con los vecinos.

Por Sergio Sánchez
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, octubre 23 (Agencia NAN-2008).- En general es impensado creer que, mientras camina las calles del barrio como cualquier día, uno puede toparse con un escenario a punto de dar vida a una creación artística con entrada libre y gratuita. Sin embargo, no lo es así para los hacedores del teatro comunitario, quienes durante octubre realizan en barrios porteños el 7° Encuentro de Teatro Comunitario, organizado por la Red Nacional que nuclea a los colectivos que integran esta disciplina. El pasado fin de semana, el encuentro artístico tuvo lugar en el Galpón de Floresta, un espacio recuperado por un grupo de vecinos-actores que pese a los reiterados intentos de desalojo por parte del Gobierno porteño lo convirtieron en un centro cultural que funciona como sala de ensayo y escenario artístico del colectivo El Épico de Floresta.

A ese espacio se acercaron ancianos, adultos, adolescentes y niños para participar de las funciones a cargo de las compañías Catalinas Sur, Los Tololos Sanos y El Épico de Floresta. También, el público pudo disfrutar de una proyección sobre el teatro comunitario y de una interesante muestra fotográfica con escenas de obras teatrales realizadas en las ediciones anteriores. Orlando Santos, director artístico de El Épico de Floresta, le explicó a Agencia NAN que “la esencia de la iniciativa radica en que los vecinos, en lugar de quedarse en sus casas mirando a Tinelli, tienen la posibilidad de encontrar un espacio para desarrollar su actitud creadora”.

Es que el teatro comunitario es una experiencia contra-hegemónica que tiene como principal objetivo la creación artística como herramienta de transformación social. Por eso, no fue casual que el mensaje final de los integrantes de la agrupación Catalinas Sur fuera coherente con ese ideario: “Hay que pensar, discutir y hacerse cargo. Nuestro futuro está esperando. El pueblo, el barrio tiene que hacerlo. Hay que sentarse y debatir lejos de los poderosos”.

Catalinas Sur, pionera en esta disciplina nacida hace un cuarto de siglo, fue la primera compañía en pisar las tablas simbólicas, ya que el escenario fue el piso. Los de La Boca no se hicieron rogar y salieron a escena a la hora pautada con la obra teatral-murguera La Catalina del Riachuelo. Tampoco se hicieron rogar con las palabras, ya que presentaron un discurso muy crítico de las problemáticas sociales. Con una puesta en escena simple y un mensaje claro, los casi cincuenta actores representaron con humor temáticas actuales como el uso masivo de celulares, la ley antitabaco, el conflicto entre el Gobierno y las entidades agrarias, la sobreexplotación de los recursos naturales y la acumulación de dinero y bienes.

La estructura de la obra diferencia a tres grupos de personajes: el pueblo, los representantes del Poder y un comité de diablos que se encargaban de presentar el conflicto de cada acto. Una línea argumental con eje en la crítica directa. En este sentido, las canciones de murga denunciaban: “dominación, confusión, destrucción y miedo”; “gastan miles de morlacos en la ley antitabaco y los pobres fuman paco ¡Se les quema la saviola!”; “Es un poco asqueroso el mundo sojero ¿Quieren ser ricos? Exporten soja ¿Y la gente qué va a comer? Eso no es asunto nuestro, es problema del Gobierno”.

Este movimiento cultural no sólo brinda la posibilidad a los vecinos de involucrarse en el proceso creativo, sino que también abre las puertas a quienes no tienen la oportunidad económica de pagar una entrada al teatro. “No voy al teatro desde que iba al colegio”, le comentó casi al oído un hombre a su compañera. Mientras tanto, la murga representaba en escena el capitalismo: “Poder y dinero completan la exacta supremacía que permite la pobreza”.

Cuando el sol comenzaba a ceder llegó el turno de la segunda obra, Historias tolosanas, interpretada por el colectivo Los Tololos Sanos. Con actores que promediaban los 50, la obra fue un recorrido histórico por los acontecimientos políticos y sociales que sucedieron en la localidad bonaerense de Tolosa. Ambientada a comienzos del siglo XX, los vecinos-actores representaron con un correcto despliegue escénico huelgas obreras, el trabajo en los talleres ferroviarios y las actividades en clubes barriales con el fin de preservar la identidad de su lugar de origen. “Somos de un barrio histórico y estamos muy contentos de estar acá. El teatro comunitario siempre apuesta a la transformación diaria y cotidiana. La forma es juntarnos y pensarnos de otra manera”, reflexionaron entre aplausos los tolosanos.

A esa altura, el amplio galpón de Floresta ya refugiaba a una gran cantidad de vecinos que esperaban ansiosos, entre mates y facturas, la actuación del último grupo de la jornada, El Épico de Floresta, que presentó su espectáculo teatral Cachuso rantifuso, basada en el cuento de Carlos Nine. Coordinada por Orlando Santos, uno de los impulsores del teatro comunitario, la obra narró, con elementos de tango y folclore, la historia de un cantante que se fue de su lugar de origen para triunfar en la gran ciudad. Pero la riqueza de la obra estuvo en la constante interacción entre el público y los actores. En realidad, la distinción entre intérprete activo y espectador pasivo fue siempre difusa, debido a que todos eran vecinos del barrio y tuvieron una cuota de participación.

Tal es así que en una escena ambientada en una milonga los vecinos-actores invitaron a bailar a los vecinos-espectadores y ya no se supo qué rol ocupaba cada uno.

Sitio:
http://7encuentrodeteatrocomunitario.blogspot.com
Programación: http://programacionyactividadesespeciales.blogspot.com

martes, 21 de octubre de 2008

El Abuelo en El Galpón.-

Más allá de que el título pueda recordar una típica postal familiar del nono yendo a por el martillo, lo que este artículo de Agencia NAN reseña es el recital que la banda lomense ofreció como festejo por sus diez años de carrera, el domingo pasado en ese centro cultural de Banfield, en el conurbano sur.

Por Facundo Gari
Fotografía de prensa El Abuelo

Buenos Aires, octubre 21 (Agencia NAN-2008).‑ El anciano llegó pasada la medianoche, dos horas más tarde del horario que indicaba la entrada, tres si hubiera adelantado su reloj al horario K. Se paró frente a un patovica que separaba el adentro del afuera parado firme en la entrada al centro cultural El Galpón, en Banfield, donde la banda de rock El Abuelo celebró la madrugada del domingo una década on the road.

Invitado especial decía la anticipada del anciano. El patovica la ojeó y le permitió el paso, que lento lo depositó en el centro del salón, rodeado de 200 personas que aguardaban entre vasos de cerveza, humo y rock argentino, el comienzo del recital de la homenajeada agrupación de Lomas de Zamora. Ya con un fernet con cola en la mano, comenzó a circundar el salón, distraído por los cuadros que colgaban en las paredes de la sala, obras de artistas locales que concurren allí a talleres de pintura. Revisó el escenario: un playón de tablones elevado a medio metro, sobre el que estaban repartidos diez altoparlantes, algunas guitarras, tres micrófonos, una torre de luces en cada ángulo frontal del plató y un proscenio poco más de dos metros superior, en el que reposaban adiamantados por los destellos los cinco cuerpos y demás platillos de la batería.

Detrás de aquel altar, un grupo de seis jóvenes fanáticos (nietos) colgaba unas banderas con el logo tribal o la inscripción de la letra de alguna canción de la banda. El viejo también se acercó a una mesita ubicada contra la pared derecha de la sala, con sus ojos a mitad de camino entre los prendedores y remeras que allí se exhibían y la joven que los vendía. En eso estaba el anciano cuando apareció sin anuncio La Monstruo, uno de los personajes que el actor Diego Mazurok interpreta antes de cada recital, desde el origen de El Abuelo. Con un peinado aún más estrambótico que el de Bill Kaulitz, más maquillaje en el rostro que Piñón Fijo y luciendo corsé y tacos aguja de sex shop, la travesti rocker recorrió el salón a los abrazos, besos y flashes requeridos por los fanáticos.

El anciano la observaba atónito, entre el espanto y la fascinación. Un saludo lo sacó del trance: antes de que pudiese reconocerlo, Mauro Bossio, uno de los guitarristas de la banda, ya estaba contándole que en breve arrancaría el show y, también, que los músicos habían llegado al centro cultural al mediodía para preparar todo para el recital. “Trabajadores del arte”, El Abuelo dixit. Recién cuando Mauro se despidió, el viejo pareció reconocerlo.

Ya eran las 2:15. La había perdido de vista, pero siempre centro de las miradas, no era difícil encontrarla. La Monstruo junto a un asistente lookeado con una ajustadísima calza blanca y una remera hasta el ombligo, subió a un escenario de dos por dos a la izquierda del principal y pidió atención. Tanto del cuello de ella como del de su partenaire colgaban unas keyboard guitars de madera balsa y teclas pintadas. El playback de “Soy una punk”, de Aerolíneas Federales, acompañado por la mímica y contorneo de los actores, devino en un sketch en clave Todo x $2. “Asusto a las viejas/ y me pinto de azul/ Yo hago lo que quiero/ porque soy una punk”, emulaba la travesti. La presentación duró lo que dura la canción y finalizó con los instrumentos falsos hechos añicos contra el suelo.

Cinco minutos después, el público estaba nuevamente disperso pero más anhelante de rock que antes. Sobre la pared izquierda del salón, el anciano observaba a los nietos en su ritual: se reían y gesticulaban, bebían cerveza y fumaban, canturreaban coplas del cancionero de El Abuelo. Así hasta que las voces y los cuerpos se unieron frente al plató en el estribillo de “La ira de Pierrot”, de La violenta tristeza que usted inspira, único disco de la banda: “Ríe cuando ríe/ ríe ja, ja, ja/ Ríe cuando llora/ ríe ja, ja, ja”. Y detrás de la bandera que agitaba un fanático sobre la multitud, aparecieron los músicos, y las luces rojas y verdes encendieron sus rostros. Pronto, el bajista Leonel Bossio, los guitarristas Maximiliano Fava y Mauro, la violinista Agustina Costa, el cantante Vladimir “Pollo” Mazurok y el baterista Julián Ocampo en lo alto, acoplaron el cántico del auditorio con la melodía de sus instrumentos. Así comenzó el recital.

Desde el principio, con el preludio tropical de “La ira de Pierrot” y la cita casi macabra a “Me gustas cuando callas”, de Pablo Neruda, al zapato del anciano lo pudo el ritmo. Pegadito, la banda interpretó “Pozo Ciego”, que le dio al “Pollo” la oportunidad de lucirse con la armónica. “Ves que no es más violento/este invierno que aquél”, cantó el frontman mientras el público pogueaba sobre la sombra de los músicos.

“Buenas noches, Banfield. Como aquel padre que tiene un hijo feo y lo ve lindo, de la misma manera nos vemos como la banda más importante de zona sur. Perdónennos, así somos”, enfatizó jocoso el cantante, pisado por los eminentes acordes de “Caño de escape”. La emotividad del violín, los lacerantes punteos de Fava, la firmeza del bajista y la contundencia de los parches en “Pedro”, “Mandarinas” y “Gris llanto” continuaron con el festejo. Los cambios repentinos y el estilo circense-teatral de la banda comenzaron a filtrarse hasta los huesos del anciano, que ya intentaba sin éxito perseguir las melodías con un balbuceo. Cada tanto, se daba vuelta y le sonreía a quien chocara, aprobatorio. Eso hizo cuando Vladimir anunció una la inédita “Magda y los piadosos”.

Pasadas las 3, el “¿Y a vos qué te pasa?” del estribillo de “La batalla macabra” dejó a media concurrencia afónica. “Elegía del cautivo” y “Brazas” rebotaron en el zinc del cielo gris del salón. Y “Rock nacional” recargó las gargantas: “Gente de rock, quiere zafar en la escena nacional/Metálicos, rastas y pop/ punkies y algunos stones (¡y electrónicos!)”, enumera la canción. Antes del descanso, los músicos interpretaron “Como una gorgona”, “Por vos hubiera cometido el más atroz de los pecados”, “Considerata” y “Milonga a tu presencia”, sin el mínimo atisbo de cansancio y con la sincronización que requiere el estilo ecléctico y complejo de sus composiciones.

El fernet le apretó la vejiga al anciano, que se pasó los 15 minutos de corte en la fila del baño. Se lo notaba contento, extasiado, rejuvenecido. Viejo fiestero, al salir se encontró con una figura más sobre las tablas: el saxo del “Turco” Férez, de La Catramina de Ambrosio, para participar en “No tiene sentido”. Tras “Lúdica” y “Febrero” el anciano le preguntó a un adolescente de remera con la cara de Jim Morrison si el coro “lloran las zapatillas que mece el viento/de los que te fueron a ver a vos”, del tema “Fardo R10”, tenía algo que ver con el incendio en Cromañón. El pibe levantó los hombros y siguió con su bailoteo.

El punto máximo de excitación fue casi al cierre el show, cuando el auditorio adivinó el hipnótico riff de “Hipólito”, cuyo video resultó ganador en la batalla virtual que propuso la última edición del Cosquín Rock para elegir una banda del under nacional. Las chicas se subían a hombros de los chicos y enloquecían; todos saltaban y todos cantaban. Los músicos se miraban y sonreían cómplices. “Los ángeles insípidos que calan en tu cráneo/inverosímiles, inútiles, fanáticos/se tragan la pésima hiel de su vómito/asegurando que es un ácido narcótico”, entonó Vladimir con la voz más rasposa y más enérgica que nunca.

Las luces relampagueaban y, en un flash, el anciano se perdió de vista. Hacia el final, con las interpretaciones de “Marzo” y “Tu rock loco”, se lo vio agitando una bandera entre el público. El pibe de la remera de Jim Morrison se acercó a otro a su lado: “¡Miralo al abuelo ése! ¡Se piensa que tiene diez años!”.

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sábado, 18 de octubre de 2008

Luchando por el chupín: de los patas de zancudo a las tribus emergentes.-

Los multimedios se anoticiaron de repente sobre el fenómeno de las tribus urbanas, denunciaron la “sponsorización” de la cultura y alertaron sobre el acecho de una juventud que no halla sentido en nada. Agencia NAN sólo propone otra hipótesis: que el Pepsi Music 08 fue un espacio donde claramente (pero no expresamente) se manifestó una puja por un tipo de capital simbólico que hoy día aparenta haber perdido todo sentido político: la vestimenta.

Por Luis Paz

La ropa tenía que ajustar
y se bañó con el jean puesto
DDT - “Sensacionalista”


Buenos Aires, octubre 18 (Agencia NAN-2008).‑ Toda congregación más o menos importante es un campo de análisis a tener en cuenta a la hora de investigar tendencias. El Pepsi Music 08 (PM08) fue también eso: un espacio donde sondear prácticas de consumo y uso de grandes grupos de jóvenes adultos ligados a cierto reconocimiento en el rock y en el consumo de cultura de rock; un laboratorio donde manipular la variable Bandas, dejando las de Espacio y Tiempo inalteradas, y regalándole la Climática al azar y la ciencia.

A la luz de sus diez jornadas --nueve de festival y una de apertura-- el PM08 demostró al chupín como la prenda fetiche de un proletariado festivalero con aspiraciones de clase rockera. Se señaló cierto “elitismo” encarado desde el valor de las entradas, para alejar la posibilidad de participación del proletariado inadaptado a los festivales, pero --como señaló el guitarrista de una banda que se presentó en el festival-- “hoy un pibe que trabaja en un call center puede pagar esos precios”, que oscilaron entre los 60 y los 110 pesos según variables de segundo orden: la anticipación, la fecha a la que se quería tener acceso y la nacionalidad de las bandas. Y que incluyeron el valor agregado de la "posibilidad" --impracticable, pero en teoría existente-- de ver a 20 bandas en una jornada.

Chupines de todos los modelos, marcas y colores tuvieron allí cuatro cumbres: los skinnyjeans de los indies de The Hives y Stone Temple Pilots; los chupines coloridos de los floggers de Babasónicos; los bombilla negro azabache de los emo-góticos de Nine Inch Nails; y los jeans rectos, ajustados y desteñidos, de los metaleros de Mötley Crüe. Actores distintos, de tradiciones y rituales diferentes, que como tales pujaron, sin manifestarlo, por un capital que aquí es simbólico.

Por casualidad o no, las cuatro cumbres fueron decantando del uso tribal de los indies al uso para la resistencia de los metaleros, pasando por el uso consumo flogger y el metafórico --pantalón chupado, persona triste-- de los que fueron a NIN. Eso lleva a que, en perspectiva, la mayor credibilidad se la lleven los neogóticos tecnoindustriales y los metaleros obreros industriales, que son en definitiva (a falta de una fecha punk per sé) quienes deben resistir su hegemonía sobre el chupín rockero pese a los embates de los emergentes floggers e indies.

Y la mención al punk se hace porque sus artífices le dieron uso, función, sentido y significado al pantalón pitillo antes que cualquier otro género o artista, teniendo en cuenta que el hippismo y la psicodelia no le aplicaron un sentido político. Sobre este tema el sitio PunksUnidos.com.ar publicó un artículo muy interesante hace algunos años: "Estética punk". E
l sentido político del pitillo punk es claro: demuestra la imposibilidad de consumo de sectores sociales privados del derecho a decidir sobre la vida útil de una prenda; y contrapone las patas de zancudo de la juventud desocupada a las panzas llenas de las monarquías parlamentarias (“Pretty vacant” de Sex Pistols, como continuación de la denuncia de "I am whe walrus" de Beatles). Y ese sentido (el del chupín) se suscribe en una suerte de macrosentido de la vestimenta, donde el alfiler de gancho demuestra la imposibilidad de costear un sastre tanto como la desazón de aquella juventud en un sistema político y económico que intenta dormirlos por fuera del trabajo, reducirles las fuerzas para, incluso, coser lo descosido.

La lucha por el chupín es simbólica, pero al convertirlo en tótem deviene social, en una lucha por el status que confiere tener uno. En ese sentido, el PM08 reprodujo con el paso de sus cumbres chupineras la conducta histórica de la Humanidad: del estadio tribal en el que están (por haber tenido un desarrollo más tardío) los indies, aún definiendo usos y costumbres; a la cosmología flogger (cámara digital, chupin, escote en v, celular), sumidos en el consumo de clase; a la religiosidad neogótica, con un estadio más avanzado de abstracción para figurar una estética textil en torno de su padecimiento; y lo industrial, la enajenación del hombre por la máquina y no el uso ritual de Trent Reznor.

Sumando el dato curioso de que los metalúrgicos son el gremio más grande del país, la resistencia pesada pudo más en la puja por el chupín que la liviandad del Ser fotográfico o la indigencia de los indies al respecto de tener su lugar en el rock. En buena parte por mérito propio, pero también por incapacidad ajena.

El caso del chupín flogger tiene las contradicciones lógicas del capitalismo y manifiesta la misma tendencia de la historia del Arte de definir siempre a un producto cultural totémico por su inmediato anterior. Sólo que en lugar de Impresionismo-Expresionismo aquí el chupín trasciende a su opuesto, el pantalón de tiro bajo, el conocido muestraculotte, prenda interior femenina que no tiene que ver con los revolucionarios más radicales en aquello de la libertad, igualdad y fraternidad. Es decir, el chupín flogger es entonces un movimiento de consumo, una moda, y como tal precisa de construir contrahegemonía antes de osar siquiera asomarse al taller mecánico.

El caso del skinnyjean indie tiene que ver con conflictos de poder hacia el seno del grupo al no tener un exponente definido. Que el suplemento No de Página/12 haya podido dar cuenta de la existencia de al menos dos vertientes (el indie cabeza y el careta) en esta pujante tribu urbana es botón de muestra. Pero a la vez hay una diacronía entre la realidad del jean nuevo y de primera marca y la apariencia de dejado, de abstraído, de conceptual, del joven indie. Una contradicción de apariencia contraria a la que Walter Benjamín señala en el uso de falsificaciones. Aquí lo que otorga status no es la obra por exceso (una copia como tótem tanto como un original) sino por defecto (en la degradación textil del vaquero, prueba a la hora de decir: “yo los uso desde el ‘97”).

El neogótico está más retirado de la puja. Sabe que por falta de fuerzas (no bélicas sino anímicas) está en desventaja. Son para los metaleros lo que la burguesía fue en Francia para la Monarquía: la primera infantería, esos a los que hay que capturarles la bandera de escolta del pantalón bombilla negro azabache para luego ir a por los abanderados del chupín de cuero y el jean recto ajustado, con las llaves de la moto colgando de la presilla, del Señor Feudal.

El azar climático propició una llovizna en la jornada que encabezó Babasónicos y una lluvia densa en la que cerró Mötley Crüe. ¿El resultante? Quejas porque se iría la planchita de los flequillos en un caso; y boca abierta para beber la lluvia provocada por el Hada del Metal en el otro. La variable Clima se convirtió así en K, una constante sin ingerencia, que refuerza la idea de resistencia (al agua) de un chupín de cuero o de un recto impermeabilizado con líquido de frenos.

Por un análisis práctico, metódico e histórico, habrá que ver que el PM08 fue un importante campo de batalla en la lucha por el chupín. Nadie lo oficializó, pero los cortesanos de cada fecha se encargaron de señalar que “quería el mismo pantalón pero no había talle” y que “estos pibes ahora usan chupines” cuando otros –-los que ya no son pibes, en una aristotélica definición por oposición -- lo hicieron “los últimos 20 años”, poniendo en evidencia la puja real por ese capital simbólico, el proselitismo rockero, la aparición de nuevos actores sociales en la cultura recitalera, el conservadurismo y el progresismo de la escena.

Es cierto, ha pasado poco tiempo desde el PM08 para que las marcas lo asimilen, pero en esto ya hay una nueva tendencia propuesta (y las más de las veces impuesta) a nivel mundial: que tras el muestraculotte y el chupín, vendrá el pata de elefante. Lo más probable es que algunos se abran y que la discusión simbólica por el chupín se abandone. Aún así, lo sucedido en el PM08 sirve para entender que este para algunos “novedoso fenómeno” de las tribus urbanas sí tiene un campo de discusión, el simbólico, encarnado en la tecnología como deidad y en los shoppings como capilla, pero también en el uso calificado de un pantalón apretado.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Nonpalidece acústico en La Trastienda.-

La banda de Tigre volvió a mostrar sus canciones el domingo pasado en el club del centro porteño, pero en formato desenchufado y en compañía de la Orquesta Típica Fernández Fierro. Así, su último unplugged del año se convirtió en una interesante propuesta antidomingo. O al menos así lo consideró Agencia NAN, que se acercó a recibir buenas y nuevas vibraciones.

Por Adrián Pérez
Fotografía gentileza de Nico Fernández para Nonpalidece

Buenos Aires, octubre 16 (Agencia NAN-2008).‑ Cuando todo presagiaba otra noche más de tormenta sobre Santa María de los Buenos Aires --20 milímetros de precipitaciones hubo el sábado en pocas horas--, el reggae roots dijo presente. La marquesina de La Trastienda anunciaba la excusa perfecta, la estrategia antidomingo para sacudirse las gotas de agua y el frío de la noche anterior. Nonpalidece presentó, en el corazón geográfico de la ciudad, el tercero de sus cuatro capítulos prometidos allí. El último de los dos desenchufados.

El cielo gris que amenaza con nuevas precipitaciones en el plomizo cielo porteño no consigue aquietar la expectativa de las 600 personas que se dan cita para asistir a uno de los shows más intimistas del año. La Trastienda se presenta despojada de glamour pero vestida para el festejo --con grabación de DVD incluido-- de los doce años de carrera de la banda de Tigre, que tiene en su formación a Facundo Cimas en bajo; Germán Bonilla en batería; Bruno Signaroli en guitarra; Martín Mortola en hammond; Pato Sciacaluga en percusión; Gustavo Pilatti en guitarra, teclado y coros; Agustín Azubel en saxo tenor y a Néstor Ramljak en voz, coros, melódica & armónica, quizás uno de los mejores frontmen de la escena.

Las luces se apagan cinco minutos después de las 22. El telón se corre y una sinfonía ancestral compuesta por ritmos orientales con fuerte presencia de percusión hace las veces de trampolín para que el encuentro entre banda y público se materialice. Los músicos prolijamente sentados --con la excepción de Cimas-- dan el pie perfecto para que Ramljak haga su aparición en el escenario, acompañado por el aplauso que acarició varias canciones durante las dos horas de presentación.

Remera con el Rey León (Lion of Judah) recostado sobre África en su espalda y con el mismo león en el pecho, el juglar de Hagan correr la voz (su último disco de estudio, de 2006) comienza a desandar el repertorio con las primeras estrofas de “Dame Luz” (Nuevo día, 2004): “Yo estaba sólo, triste y ciego, no lo podía ver, la vida me pasaba al lado y no la podía detener”. Aplausos cerrados con cierre mítico le dan paso a “Mr. Muzik” (Dread al control, 2000), que le canta a la música que hace mover el cuerpo y estremece los sentidos: “Pueden más/pueden más que dejarte pasar/más allá que tu vida empiece a crecer/tendría que alcanzar la sonrisa de tu boca y no dejar/de sentir que a mí sangre no la paran de llamar/el ruído que te asorda no es más que/la pena que te ahoga es menos que/la música que invita y no te deja sin saltar”.

“Nuestras ideas” (Nuevo día) se presenta como un alegato que condensa el espíritu del género y de la banda: “Creemos en nuestras ideas, buscamos conciencia/cada cual representa un destino distinto/y ahora veo en tus ojos y entiendo/que son constantes los que miran y resisten (…) Vuelve a nuestro sentir/y con fuerza se marca un deseo/de ser fiel y deja verse/sinceros somos/a una revolución/que despierta y de pie esperamos/Bajo tu cambio sobran fuerzas/bajo tu cambio sobran fuerzas”.

“Espejo” (Nuevo día); “Dangerman” y “Dime ya” (Hagan correr la voz); “Un amor” (Dread al control); y “Revolución” (Nuevo día) cierran la primera parte del show. En los rostros de los chicos y chicas puede leerse que el formato desenchufado le cae como anillo al dedo a la banda de Tigre. Nonpalidece mostró este formato por primera vez en mayo de 2007, en una presentación en los estudios de FM La 100, y repitió la faena en agosto de este año en El Teatro de Flores. En este tipo de performances son recomendables las de los brasileños Cidade Negra (Acústico MTV; 2002) y Nativus (Luau MTV; 2003), que presentarán Reggae power ao vivo el 3 de diciembre en el Teatro Gran Rex.

A “Pexz” (Dread al control), que oficia de puente musical entre las melodías del primer y el segundo segmento, le siguen “La sonrisa” y “Libre al fin” (Hagan correr la voz); “Reina” (Dread al control); “Love song” (Hagan correr la voz); “La flor” (Nuevo día); "Reggae en el universo” y “X-Plotion” (Hagan correr la voz). El cierre a todo motor pero sin cables ni enchufes llega de la mano de “Tu presencia”, “Para dónde corrés” y “Tu gran aliado”, todos del último disco de estudio.

Una buena plantilla de músicos invitados como Adrián Melli en trompeta; Martino Gesualdi en trombón (Dancing Mood), más el cuerpo de cuerdas de la Orquesta Típica Fernández Fierro (dos violines, una viola y un chelo) y la cítara de Ezequiel acompañaron. El balance de las dos horas de show, como no podía ser de otro modo, es de excelente reggae y vibraciones positivas.

Sitio web:
www.nonpalidece.com.ar
MySpace: www.myspace.com/nonpalidecereggae

martes, 14 de octubre de 2008

Mísil children en el Abasto Club Social.-

La vigilia de dos hermanas cuidando a la más chica sirve para pensar las rupturas amorosas y los sueños desde el teatro, con un tema doloroso encarado por la directora Mariana Levy, interpretaciones con gracia e ingenuidad de tres jóvenes actrices, y una puesta en discusión dramática a aquello de “el grande cuida al pequeño”. A documentarla se acercó Agencia NAN.

Por Esteban Vera
Fotografía de prensa Mísil Children.

Buenos Aires, octubre 14 (Agencia NAN-2008).‑ En pijamas, Angy, Luli y Majo, las hermanas Mísil, están solas en una pequeña habitación. Majo está insomne. En la noche no logra identificar la línea donde termina la realidad y comienzan los sueños y por eso trata de no dormir desde que pasó lo que pasó ya que sueña todas las noches lo mismo. Aburrida, despierta a sus hermanas y emprende la noche para no caer en esa red onírica. En penumbras la mayor parte del tiempo, sus hermanas tratan de cuidar a Majo. En vigilia, la noche transcurrirá hasta que falte poco para que sea de día.

La pieza aborda un tema doloroso. “Quería escribir sobre las rupturas y las relaciones amorosas y la obra terminó siendo sobre tres hermanas. Yo creo que se trata de un cruce de ambas cosas: cuando uno se separa vuelve con las hermanas, amigas, a la contención de ellas”. Con esas palabras, con esa concisión, es como resume a Agencia NAN la directora y dramaturga Mariana Levy su obra Mísil children, una comedia dramática.

Las Mísil son interpretadas con gracia e ingenuidad por Gisela Vlatko (Angy), Julieta Halac (Luli) y Salome Boustani (Majo). La historia se construye alrededor de Majo, la menor, quien es frágil, sensible y tiene una vida que parece una mueca triste. Mientras que la del medio, Luli, es racional y detallista. Y Angy, la mayor, es ingenua, vanidosa y un poco tonta. El texto es didáctico, dramático, risible y tierno, y se desarrolla en recreaciones de recuerdos dolorosos, sobre todo los de Majo. Luli es perfeccionista a la hora de recrearlos, mientras Angy no.

La obra recurre a la catarsis (purificación o purga de ciertas emociones) del clásico modelo de Aristóteles para escribir teatro. Es decir, al final hay una solución que cura al personaje del dolor que padeció. “Ellas para seguir adelante representan los que les pasó. Esto tiene una función sanadora para ellas. Hay cosas que no se pueden elaborar de otra manera sino a través de la representación, ya que siempre se recuerdan algunas cosas, otras no y algunas de las que se recuerdan se tergiversan”, comentó Levy.

Con temas de Jarvis Cocker, Jolie Holland, Elliot Smith, Neutral Milk Hotel y algunas composiciones acústicas de Vlatko (Angy Mísil), la obra transcurre con las recreaciones de las hermanas, charlas y juegos. Juegan a contar películas, cambiando los personajes por Pinocho: “Pinocho es escritor. Y en esa época las mujeres Pinocho tenían que tener el pelo largo, porque tener el pelo corto era casi una aberración, pero papá Pinocho estaba en la guerra y lo habían herido así que Pinocho…”.

Algunos datos resignifican lo anterior, manteniendo atentos e intrigados a los espectadores. A todos estos valores los cubre la calidez de las actrices, a través de actuaciones eficaces y esa vitalidad y aura que hace que las obras no sean sólo personas hablando desde un escenario, por más conmovedor, triste, interesante o gracioso sea lo que digan. Así, las Mísil logran la conmoción a la que apuntan.

Angy: -¿Es cierto que escuchas la BBC?
Majo: -¿Quién te dijo?
A: -Luli.
M: -Sí, es cierto. ¿Vos te acordás de lo que soñás?
A: -Sí, a veces sí.
M: -Porque Luli dice que no se acuerda nunca. Dice que tal vez ella no sueña.
A: -Capaz no te quiere contar.
M: -No, cómo no me va a querer contar. Y vos cuando soñás, ¿soñás cosas normales o extraordinarias?
A: -¿Cómo?
M: -¿Soñás cosas que pueden pasar en el mundo real o que no pueden pasar, como más fantasiosas?
A: -No sé. No lo pensé. Qué sería fantasioso.
M: -Volar, por ejemplo.
A: -Ah. Fantasioso entonces.
M: -Porque yo siempre sueño cosas normales. Siempre. Y muchas veces me cuesta darme cuenta de si pasó o no. Es muy feo. Me da miedo un día decir algo porque creo que pasó algo y en realidad lo soñé, ¿entendés?
A: -Sí.
M: -Entonces estoy probando, si escucho la BBC antes de dormir capaz sueño en inglés. Y si sueño en inglés, al otro día cuando me acuerde del sueño ya voy a saber qué estaba soñando. Porque Seba no habla inglés.
A: -Ah.

Así de acertadas son algunas de las situaciones interpretadas por las hermanas Mísil en una puesta en escena que logra crear un espacio de intimidad.

* Mísil children va los viernes a las 21 en el Abasto Club Social, Humahuaca 3649, Buenos Aires

sábado, 11 de octubre de 2008

Libros: “La hija del carnicero” (Analía Mehlberg, 2007).-

Lo que en apariencia son sólo treinta página de poesía creada por una escritora, docente y licenciando en Letras, con la lectura se convierte en una obra que obliga constantemente al recuerdo, extendiendo el viaje poético más de lo que tarda el ferrocarril desde Longchamps hasta Avellaneda en un día con demoras en el servicio.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, octubre 11 (Agencia NAN-2008).‑ Las 30 páginas de poesía que la escritora, docente y estudiante de Letras Analía Mehlberg ofrece en La hija del carnicero, publicado en diciembre del año pasado como primer premio del IV Concurso Nacional Macedonio Fernández, del Círculo Médico de Lomas de Zamora, pueden ser leídas en lo que tarda un tren en recorrer el trayecto entre las estaciones ferroviarias de las ciudades de Longchamps y Avellaneda, al menos suponiendo que tocara un día sin demoras en el servicio.

Es más, la ausencia de puntos y comas en la lectura termina por corvertirla en preciosa para esos instantes fugaces y preciados en el baño. A no confundir: esa cualidad de aparente ligereza no es otra cosa que eso mismo, una apariencia lograda por la autora. Porque La hija del carnicero, como bien ilustra Mehlberg a modo de preámbulo en “Ecos entre signos”, hila “susurros de la infancia, fragmentos escasos y ráfagas de tibieza” de la memoria de la que alguna vez fue una niña e intenta construir con “partes rotas” ese pasado. ¿Y quién no está familiarizado con tal ejercicio?

Entonces, la cosa cambia. Las treinta páginas no son sólo treinta y al freno necesario lo pone el recuerdo. Deja de ser un libro ligero. Es que Melbergh, sumergida en el género, apela a construcciones propias y audaces, pero además a las del lector, edificaciones de ¿azar? ajeno o colectivo. Más aún, cada una de las poesías que componen la obra resulta un disparador hacia el pasado de quien lee, de quien participa. Tal es el grado de interacción entre hacedor y destinatario, tal es la explotación de la conciencia de una infinita reproducción, que la obra resulta inconclusa en un sentido positivo.

Juegos traviesos en el barro; fantasmas que nacen de la oscuridad de la habitación; picados empapados de imaginación, en los que la niña “patea la Luna”; enseñanzas de lo que se suponen el Bien y el Mal: aunque cálidos, situaciones y lugares pintados con melancolía, empatía y hasta morbo.

Así, en “No dejen a la niña sola en la iglesia”, la autora ve a través de los ojos de la pequeña protagonista y, entre ángeles y santos, vislumbra “estatuas que escupen la última mueca y vitrales espantados”, define como “leyendas” a las historias de una religión que no especifica (acaso porque poco importa) y presagia una pérdida con la que “arderán las campanas/ el vino olvidará la sed/ la piedad no tendrá nada en los brazos”. O en “Orfanato”, en la que enfática sostiene: “Nadie es huérfano aunque el desamparo fluya/ por la sangre”, porque “siempre/ alguien nombra”.

En fin, las treinta páginas de poesía que Analía Mehlberg nos ofrece en su primer libro podrían ser leídas en lo que tarda un tren en recorrer el trayecto entre las estaciones ferroviarias de las ciudades de Longchamps y Avellaneda. Pero no deben.

jueves, 9 de octubre de 2008

María Teresa Constantín: “En momentos de tensión política, la plástica busca la calle”.-

La historiadora del arte dialogó con Agencia NAN acerca del rol del arte en momentos de crisis, la destrucción cultural propiciada por la última dictadura y las limitaciones del arte para convertirse en “de masas”. Directora del espacio Imago y curadora de diversas muestras en las que se cruzaron el arte y la política, Constantín consideró que las instituciones del arte local “limitan” a los artistas porque las obras que se hacen en la calle “no tienen valor de mercado”.

Por Nahuel Lag
Fotografía del Siluetazo.

Buenos Aires, octubre 9 (Agencia NAN-2008).‑ Las plásticas, a lo largo de la historia, fueron consideradas como las más nobles de todas las artes. Walter Benjamín les otorgo un aura. Pero en momentos de crisis, los artistas deciden abandonar las galerías para llevar su arte a las calles junto a la protesta social. Según la historiadora de arte Maria Teresa Constantín, el límite entre artes plásticas y política se hace evidente en momentos de tensión social y política, cuándo el artista “busca la calle” y juega a convertirse en “manifestante” para romper con los circuitos cerrados, los controles del mercado de las galerías y las limitaciones técnicas que no le permiten llegar inmediatamente a lo popular.

La primera señal de unión entre arte y política se dio dos años antes de la Revolución Francesa de 1789, cuando el artista Jacques-Luis David pintó El juramento de los Horacios, con la que intentaba significar los tiempos que se avecinaban sobre Francia, de búsqueda de una sociedad con libertad, igualdad y fraternidad y con la que consiguió que el arte dejara de ser la herramienta de la Iglesia y las Cortes para desperdigar sus ideales conservadores.

En Argentina, la muestra Tucumán arde, realizada en 1968 --año del Mayo Francés y a meses del Cordobazo-- por artistas de vanguardia rosarinos y porteños en la CGT de los Argentinos de Rosario y Capital Federal, fue la aproximación mejor lograda entre arte y política, según algunos teóricos del arte. Otros continúan discutiendo si se considera a la muestra, que denunció la pobreza provocada por los ingenios azucareros tucumanos, como arte o sólo una acción política.

Según Constantin: “hay determinados momentos de tensión social en los que lo político se exacerba y el artista desea intervenir sobre lo que está sucediendo, con la intención de modificarlo”. El resultado es que “se exhibe un arte más potente y las obras salen de los espacios tradicionales, buscan la calle y fundirse con la vida”. El de Tucumán arde, en ese sentido, “fue uno de ellos, en los que los artistas plásticos se enfrentaron a la disyuntiva de continuar con el arte o la militancia y muchos rompieron con las instituciones artísticas”.

“Son dos opciones, una de ellas es ir hacia la vida y fundirse con las reivindicaciones políticas y sociales”, marcó la coordinadora de arte del espacio Imago, para dar cuenta de que “inevitablemente” quienes se mueven dentro de los espacios cerrados de arte tienen un alcance a un público reducido ya que no es “un arte de masas como pueden serlo el cine o el teatro, con sus limitaciones”.

Para dar cuenta de esta distancia entra las artes visuales y el compromiso político de los artistas, la historiadora recordó la muestra Cuerpo y materia, de obras del período de la última dictadura y de la cual fue curadora, porque durante la investigación previa encontró historias de artistas como Franco Venturi, que a pesar de ser un pintor militante fue secuestrado por su participación en el Peronismo de Base. “Con su obra no molestaba, la escucha que tenía era minoritaria. Los militares golpearon allí donde sabían que había una influencia de masas, buscaron a los periodistas, los actores de teatro”, sentenció Constantín.

Además de la limitación técnica que encuentra el arte visual para tener un impacto inmediato en los sectores populares, Constantin explicó que existen otras, como el control de las instituciones tradicionales relacionados con que el artista que desea profesionalizar su arte debe realizar un “camino de consagración” pasando por espacios de arte, museos y galerías que le den prestigio y le permiten vivir de su arte, así sus obras serán “un producto más del mercado”. Sin embargo, no descartó que hay artistas que “hacen arte comprometido desde de las instituciones, que piensan que si quieren cambiar el mundo del arte lo tienen que hacer desde allí.

Es en la dicotomía entre profesionalizar su arte y el deseo de llevar sus mensajes a un público más amplio donde los artistas pueden detener su camino hacia lo social, debido a que, a pesar de que buscan una mayor exhibición, la “verdadera acción política se hace en la calle y de la obra no queda registro o al estar en el espacio público se hace invendible. Y el resultado material es muy fuerte en las instituciones tradicionales, ya que las colecciones se construyen a partir de la compra”, advirtió la integrante del Centro Argentino de Investigadores de Arte.

A pesar de estas complicaciones, en el país continuaron apareciendo grupos de artistas comprometidos políticamente, como los que produjeron el fenómeno del Siluetazo que, en los primeros años de la década de 1980, acompañó a las protestas de los grupos de Derechos Humanos con siluetas en papel pegadas en los muros de las ciudades representando "la ausencia de una presencia", por los detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar.

En 1997 apareció el Grupo Etcétera, que también tomó las calles para participar de protestas en defensa de la salud, la educación y especialmente en los escraches de la agrupación HIJOS. La estación de Avellaneda, por otra parte, se ha convertido en un espacio de arte a partir de las intervenciones que recuerdan el asesinato por parte de la policía bonaerense de los militantes piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Constantín también resaltó la aparición del movimiento de artistas callejeros que a partir de la crisis de 2001 comenzó a ganar los murales de las ciudades y en junio fue institucionalizado en la exposición Ficus repens, realizada en el Palais de Glace. Esta explosión de graffitis, stencils y demás intervenciones, según la coordinadora de Imago, da visibilidad al hecho de que algunos artistas “están hartos de los circuitos tradicionales de arte y salen a pintar de noche, que nadie se entera de quiénes son, se ganan la vida de otro modo, pero establecen un vínculo con la sociedad llevando el arte a la calle”.

“En la época de David, en el siglo XVIII, un arte político por fuera de las instituciones era impensando, pero hoy el camino está mucho más por fuera de las instituciones y los espacios tradicionales, que por dentro de ellos”, definió la disyuntiva la historiadora de arte, en diálogo con Agencia NAN. El resto queda en “manos” de los artistas.

martes, 7 de octubre de 2008

Cultura Profética en La Trastienda.-

Los boricuas ofrecieron una tripleta de conciertos en el intimista club musical de San Telmo, celebrando sus diez años de contribución discográfica al reggae panamericano. Un destacable aforo de 850 personas --entre las que se escabulló, saltó y vibró Agencia NAN-- pudo disfrutar la semana pasada de una de las mejores performances del género. Tanto que la banda puertorriqueña debió volver a escena para ofrecer más canciones.

Por Adrián Pérez
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, octubre 7 (Agencia NAN-2008).‑ La expectativa de los 850 asistentes a la tercera velada ofrecida por Cultura Profética en La Trastienda puede ser bosquejada en un verso de “La noche vibra”, canción de M.O.T.A. (2005), su último disco de estudio. La sinopsis perfecta de una noche que dejó marcado el pasado miércoles como un cauce de ríos que se cruzan y no tienen desembocadura, un racimo de intensas sensaciones: “La noche vibra historia/dice que esta tierra es rica/Siglos de vibra/despiertan mi sorpresa/Canta la noche una sonrisa/que estremece y aquieta/Y se respira en el aire/el fresco olor del sereno”. Frases que compendian dos horas de entrega --con bis incluidos a pedido de los presentes, que no se retiraban del local luego de que la banda hubo dada por “finalizada” su presentación-- en un paisaje musical que madura a paso de ritmos regados de matices pertenecientes a Brasil, Uruguay, Venezuela, Chile, Colombia y Argentina.

Y Puerto Rico, esa tierra que hunde su cuerpo en las aguas tropicales del Caribe, rodeada de mares turquesa, de frondosa vegetación, recostada casi en el centro de ese conjunto de pequeños jirones de tierra y arena, no sólo envió como embajadora de su arte a Mimi Maura. También regaló la fusión musical de Cultura Profética, que con un swing electrizante hasta la médula cocina a fuego lento su receta a base de raíces afro-caribeñas y reggae-roots, salpicados con pizcas de jazz, salsa, ska, bomba, mento y funk. Y que incluso no teme al sonido electrónico de sintetizadores y laptops. Todo eso, fundido en un abrazo que vibra y hace estremecer.

Un melange de ritmos y estilos acompasados, propuestos por Willy Rodríguez en voz y bajo; Eliut González en guitarra; Omar Silva en guitarra; Boris Bilbraut en batería; Juanqui Sulsona en teclados; Daniel Ramírez en teclados; Ilang Gutiérrez y Kiani Medina en coros; Eduardo Cosme en trompeta y Milton Barreto en saxofón. Y también una de las más completas performances de la escena del reggae en Latinoamérica, junto a los brasileros Natiruts, Tribo de Jah y Cidade Negra, Gondwana (Chile), o bandas vernáculas como Nonpalidece, Riddim o Dancing Mood.

Cincuenta minutos después de lo anunciado en las publicidades, una versión instrumental en clave introducción de “Siguiendo la luna” de Los Fabulosos Cadillacs inauguraba la presentación de Cultura, y pegadito, como si fuera un medley, le daba paso a “Ritmo que pesa”, corte de M.O.T.A. El primer rincón metafóricamente bello llegó en forma de canción con “Árboles” (Diario, 2002): “Estos árboles/ que no se llenan los bolsillos de aguaceros/que no sólo viven de verdes pensamientos amarillos/sino que le sacan puntas a las hojas/para adelantarse al rumbo venidero de sus frutos/Estos árboles/que aprenden con la lluvia a no mojarse los pies/aún cuando el agua les suba a la cintura”.

La delación artística hacia lo banal, superficial y plástico se hizo presente con las estrofas, el funk y soul de “Nadie se atreve”: “¿Y tú que crees?/ ¿Qué es lo que esperabas de mí escuchar?/No soy de esa gente que canta/y no piensa ni siente ni ve, no/Yo lo sé hacer, me sé expresar/La musa es mi razón de ser/Sólo se crear, a mis sentidos fiel/ nada comercial”. “Canción despojo” continuó la seguidilla musical con su base hip-hop y en la línea lírica de su predecesora, cuando de la voz de Boris Bilbraut brotaba: “So, entre el trajín del diario vivir/y los problemas/olvidamos que somos humanos/y que en las venas corre sangre/que este sistema es demasiado grande/donde muchos se hacen ricos/y otros mueren de hambre”.

Para darle descanso a la trajinada voz de Rodríguez, que pidió disculpas por un resfrío que lo tuvo a mal traer, Bilbraut lució sus dotes de cantante una vez más en la exquisita versión del clásico de Bob Marley “Is this love” (Kaya, 1978). Luego llegó “Rompiendo el letargo” (Ideas nuevas, 1999) y, a continuación, “La plaga”, donde el baterista dejó bien en claro lo que significa el difícil arte de batir los parches y cantar.

Promediaba el show y el clima de celebración y comunión entre Cultura y su gente no mermaba en absoluto. En el último tramo se escucharon “Canto en la prisión” (M.O.T.A.); “Enyoyando”, “Con truenos hay que hablar” y “Fruto de la tierra”, todas de Canción de alerta, su álbum debut de 1998.

Clima y profundidad, reflexión y trashumancia se desprendían de la boca de Rodríguez cuando alertaba en “Insomnio” (Diario) sobre la situación vivida por muchos por estos días, en forma de fotografía instantánea: “No se siente fresco/me estoy perdiendo en un viaje de humo de camión/Y hace tanto calor/calor de cemento/hace falta aire fresco/porque me estoy perdiendo/Me estoy perdiendo/en la ciudad de la prisa/la ciudad del consumo/la ciudad de las rejas/del bloquejo y del impuesto/La ciudad que es embudo”.

Para el final quedaron “Un deseo”, bellísimo corte de M.O.T.A., y “Advertencia” (Canción de alerta), una historia borrada de muchos textos de historia que describe el pasado, se inmiscuye en el presente y se vuelve canción: “En borinquen en tiempo de conquista/de los españoles esclavistas/no bastaba explotar a los taínos/Trajeron africanos a nuestra isla/los sacaron de su tierra querida/de la naturaleza que tenían/Les arrancaron la vida”.

Como corolario del show, una amalgama dorada de palabras, imágenes, olores y sonidos manchaba todo el salón con su luz, en el cierre que coronó la despedida de los escenarios porteños de la big band boricua. Sólo por un tiempo, porque para los amores que el arte sella con su musa no existen fronteras, idiomas ni bandera que los puedan separar.

MySpace:
www.myspace.com/culturaprofetica

sábado, 4 de octubre de 2008

Discos: “Al borde del desborde” (Zo’loka? Trío, 2008).-

El trío de jazz entrega en su segundo trabajo discográfico una compilación de composiciones de Stravinsky, Debussy y Gershwin, más algo de tango y alguna canción contemporánea. Aunque el álbum sólo incluye una composición original del grupo, refuerza aquello que surgía de su primer larga duración: un sonido particular y distinguible en la escena del jazz contemporáneo local.

Por Andrés Valenzuela

Buenos Aires, octubre 4 (Agencia NAN-2008).‑ Descontracturado, intenso, irreverente, extremo. Todo eso es Al borde del desborde, el segundo disco de Zo’loka? Trío, la banda con la que Marcelo Katz, Victoria Zotalis y Juan Manuel Costa le faltan el respeto de manera deliciosa a estándares de jazz, algún que otro tango y alguna composición contemporánea. Faltan el respeto del mejor de los modos, porque el trío sacude enérgicamente los temas que aborda, los deconstruye y rearma para dar versiones frescas y muy personales, lo que se consigue desde los pianos de Katz, el violoncelo de Costa y una voz dotada de una personalidad increíble: la de Zotalis, que otorga al trío un sonido fácilmente reconocible en la escena de jazz local, tal como anticipó su disco debut, Yo nunca te vi, también brillante.

Al borde del desborde arranca disimulando: la versión de “Cuando tu sonríes” (Fisher, Goodwin y Shay) comienza con un piano inspirado que no rompe moldes, hasta que promediando el tema sube la tensión y empiezan las risas locas. Es entonces que uno recuerda quiénes suenan en el parlante. “Scherzo opus 12 nº 10” retoma el trabajo vocal complejo, sumando a la voz de Zotalis la de Costa.

Para el sexto tema, “Tango”, de Stravinsky, la voz de la cantante es un instrumento más, que guía el tema mientras violoncelo y piano se alternan en la preeminencia, con un pequeño toque percusivo que le da la personalidad de Zo’loka? al tema. “Alma mía” (Grever) y “Puro Teatro” (Curet Alonso) recuperan el costado blusero del jazz, una desde la melancolía de lo perdido o jamás alcanzado, la otra desde el despecho y la bronca del traicionado, que aquí manda a freír churros al que “finge su dolor barato”.

El tono sube enseguida con “Lulú volvió al pueblo” (Dubin y Warren), un tema en la mejor tradición de aquel jazz que alternaba entre el cabaret y los boliches de mala muerte, pero con el toque inconfundible de Zo’loka?. Para cerrar, la única composición original del grupo: “Broches”, de Katz, que también es el encargado de los arreglos y la dirección musical del trío. Suerte de ensayo de climas, quizás “Broches” es el tema más enigmático del disco y transmite durante sus casi seis minutos la sensación de algo inminente e incognoscible.

La elección de temas que se corren del jazz va de la mano con el espíritu del grupo. Claude Debussy (aquí con “Passepied”) es considerado uno de los padres de la música contemporánea y se le reconoce haber desarmado y reestructurado la organización formal de la obra. Gershwin (“El hombre que yo amo”), por su parte, supo conjugar música clásica y popular para encontrar una voz propia en su época. De Stravinsky se dice que reinventó la música de ballet.

Más allá de referencias, homenajes y lecturas metamusicales de este álbum, lo fantástico de Al borde del desborde es que cumple realmente a la perfección con su título. Las versiones van siempre por la cornisa, por ese lugar peligroso que es romper abruptamente con las variantes habituales del género y que puede llevar al desastre.

Pero el desastre aquí no sucede. Y si el escucha siempre tiene la sensación de que está yendo un poco más allá del jazz, la impresión equivale más bien a agarrar una pendiente en velocidad, pero sin jamás desbarrancar.

* Zo’loka? Trío presenta Al borde del desborde todos los viernes de octubre a las 21.30 en Espacio Ecléctico, Humberto Primo 730

Sitio:
www.zolokatrio.com.ar
MySpace: www.myspace.com/zoloka

jueves, 2 de octubre de 2008

Teatro de, para y por el barrio.-

Octubre será un mes de celebración en los barrios porteños: el teatro comunitario cumple veinticinco años de existencia como movimiento en el país y el Grupo Catalinas lo festeja organizando un encuentro sobre y debajo de las tablas, con obras actuadas por los vecinos, pero también talleres, charlas, muestras y proyecciones sobre una disciplina que es un nexo entre la cotidianeidad y el arte.

Por N.L.
Fotografía de prensa de la obra El casamiento de Anita y Mirko.

Buenos Aires, octubre 3 (Agencia NAN-2008).‑ A poco más de dos meses del 25º aniversario del regreso a la democracia, paradójicamente o no, el teatro comunitario también cumple su primer cuarto de siglo de vida como movimiento que propone al arte como herramienta de transformación social, a partir de la participación de los vecinos. Para encontrarse y celebrar este nexo entre su realidad cotidiana y lo que sucede sobre las tablas, cerca de treinta grupos de la Red Nacional de Teatro Comunitario interpretarán sus obras durante octubre en plazas, calles y espacios culturales de la Ciudad de Buenos Aires, en el marco del 7º Encuentro de Teatro Comunitario.

La apertura oficial del festival tendrá lugar el próximo domingo 5 en la Plaza Malvinas del barrio de La Boca, donde el grupo Catalina Sur, impulsor tanto de la disciplina como de la red organizadora, nació junto al renacimiento de la democracia. Durante la inauguración se presentará el espectáculo Venimos de muy lejos, del mismo grupo, luego de un desfile de 500 personas y mientras se realice un mural colectivo.

La historia colectiva, la memoria y la identidad como ejes para la resignificación de los géneros populares le dan cuerpo a la poética del teatro comunitario, que tiene en las escuelas, plazas y clubes sus escenarios predilectos. Así, esta disciplina que comenzó a extenderse por el país en 1983, es una posibilidad de expresar, reconstruir y valorar el saber de los vecinos, a partir de la certeza de que el arte es un derecho de todos y una práctica que transforma la sociedad, desarrolla la creatividad y fortalece los lazos comunitarios.

El encuentro tiene a 1500 vecinos actores ansiosos de mostrar su arte, por eso este sábado 4 ya estarán realizando actividades. Desde las 16, el Grupo de Teatro Comunitario y Callejero Boedo Antiguo y Los Okupas del Andén subirán sus obras al escenario del Espacio Cultural Julián Centeya (San Juan 3255). Las actividades continuarán a las 18 en el Parque Ameghino (Caseros 2500) y a las 22 en el Galpón de Catalinas (Benito Pérez Galdós 93).

Además de las presentaciones teatrales, la mayoría con entrada a la gorra, durante todo el mes habrá charlas, talleres, una exposición fotográfica y la proyección de un cortometraje sobre el teatro comunitario. Para que ningún hijo de vecino se quede fuera de las actividades de arte comunitario, el cronograma completo está disponible en la página oficial del encuentro.

Sitio:
http://7encuentrodeteatrocomunitario.blogspot.com
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