viernes, 31 de diciembre de 2010

Circo Manija, “una forma de romper con el estigma social de que el loco es peligroso”.-

Nació de un taller del Frente de Artistas del Borda y es otra de las variantes de la desmanicomialización que proponen sus integrantes. “Buscamos que los internos no queden abrochados a lo negativo de la locura, que no se los mire de reojo y que se les dé un lugar en la sociedad”, argumenta Fernando Stivala, coordinador de la compañía.

Por Paula Sabatés
Fotografías gentileza de Constanza Grosso

Buenos Aires, diciembre 31 (Agencia NAN-2010).- El universo circense pareciera ser, contrariamente a lo que se propone desde el origen del género, finito: sin límites para crear y mostrar arte en movimiento, pero con un prototipo específico de atleta, que generalmente es conformado por jóvenes con buen estado físico, que entrenan y se alimentan bien. La compañía Circo Manija, sin embargo, se ubica en los antípodas de ese imaginario colectivo porque sus miembros no están bien alimentados ni tienen la libertad que tiene cualquier otra persona. Peor aún, son adultos y están medicados. Es que el grupo forma parte del taller de circo que ofrece el Frente de Artistas del Borda (FAB), que tiene diez talleres más y que desde hace 26 años funciona dentro del hospital, pero a la vez al margen, porque no está considerado como una de sus actividades dentro de la estructura administrativa y burocrática. “El objetivo de todos los talleres del FAB es lograr, a través del arte y de la cultura, la desmanicomialización, lo que no implica cerrar el hospital sino romper con la estructura del manicomio y lo que éste hace de las personas que lo habitan”, cuenta a Agencia NAN Laura Tugentman, coordinadora del taller y de la compañía.

En busca de este objetivo, el grupo --que se formó en un simple taller de circo dictado en el galpón del hospital todos los martes durante dos horas-- decidió conformarse como compañía hace poco menos de un año. “El taller sigue funcionando, pero nos armamos como compañía porque así, por más que haya cierta distribución de tareas, estamos todos a la par, opinando, tirando ideas y siendo parte de una construcción artística que nos pertenece a todos. Y porque, además, empezaron a surgir muchas actuaciones en distintos espacios, muchos de circo, lo que fue fundamental porque significó meternos más en ese mundo y demostrar que se puede hacer arte desde otro lado”, sostiene Tugentman, quien hace dos años presentó el proyecto en el FAB. “Aunque cueste, yo estoy convencida de que éste es el camino. Claro que como parte de una compañía no se puede lograr el cambio total, pero sí mejora muchísimo, los hace personas activas y los ayuda a enfrentarse a algo nuevo, a un desafío que tienen que aprender.”

La desmanicomialización pretendida por el FAB supone un proceso de sustitución del manicomio por una red de dispositivos comunitarios para el tratamiento de personas usuarias de servicios de salud mental. La reciente Ley de Salud Mental avala en parte la búsqueda de estos artistas de prohibir al manicomio como institución y resalta la idea de que haya un servicio de salud mental en hospitales, acompañado de un seguimiento profesional en torno a la medicación. “Son puntitos importantes que ayudan a la lucha, pero el más importante es romper con el prejuicio de la locura, que los internos no queden abrochados al estigma negativo de ella, que no se los mire de reojo y que se les dé un lugar en la sociedad”, argumenta Fernando Stivala, el otro coordinador. “No queremos más estadías eternas. Antes, a los pacientes se los internaba porque habían tenido un padecimiento mental pero ahora es más una cuestión socioeconómica. No tienen adónde ir y no tienen trabajo, entonces se quedan ahí”, agrega Tugentman.

Los circenses de Manija son 15, entre coordinadores, pacientes internos y externos y colaboradores. Juntos montaron hace casi un año y medio Tiempos de máquina, su primer espectáculo, que dura cuarenta minutos, tiene cinco números con todos los elementos propios del circo: dos actos de tela, uno de trapecio, un número de acrobacia combinada y pirámides y malabares y equilibrio. La idea fue que todos pasaran por todo y al momento de armar el espectáculo cada uno eligiera cuál fue la disciplina que más le había gustado. “Durante las clases hacíamos juegos para que los talleristas pudieran hacerse amigos de los elementos, para luego empezar a laburar la técnica. De todos modos, es más importante el contenido de lo que queremos mostrar que la técnica. Eso es porque trabajamos desde la condición de la posibilidad”, dice Stivala. “No es que haya súper trucos, pero jugamos con otras cosas y lo que produce en la gente es una sensibilidad muy grande porque los que estamos en la pista estamos todo el tiempo sintiendo cosas que se sacan afuera. Es un espectáculo muy sensible y emotivo, aunque intentamos todo el tiempo no dar lástima sino compartir un hecho artístico como cualquier otro”, asegura Tugentman.

Según los coordinadores, el espectáculo está lleno de historias de denuncia social que muestran la vorágine en la que se vive. Un ejemplo de esa afirmación puede verse en el número inicial, donde hay un artista en el medio, vestido de enfermero, que va tirando pelotitas --que son asimiladas a las pastillas que les dan en el hospital-- al resto, que lo bordean en un círculo, representando una crítica a la sobremedicación. También se muestra una historia de amor y desencuentros en el número de tela, y se simbolizan situaciones como el no tener tiempo para almorzar. “Todo tiene que ver con el tiempo en el que viven hoy. El mensaje es que a pesar de esto, después de todo puede surgir una construcción colectiva, algo productivo, que está simbolizada en las pirámides grupales del final”, asegura Tugentman. Y es que lo productivo también viene después: cuando se pasa la gorra, se reparte lo recaudado por igual. “Es una posibilidad de que tengan una pata laboral, que se merecen porque se la ganaron”, reivindica la artista.

Este año, la compañía fue invitada a participar de dos festivales internacionales de circo en Córdoba y de la Convención Argentina de Circo celebrada a mitad de año en Monte Grande (Esteban Echeverría, al sur del Gran Buenos Aires), entre otros encuentros. “Mostrarle al público en general qué es lo que podemos hacer a través del arte es una forma de romper con el estigma social de que el loco es peligroso y que tiene que estar encerrado”, sostiene Tugentman. “Fue importante porque siempre existe el prejuicio de qué es lo que van a mostrar los loquitos del Borda, que también va acompañado de la lástima, porque se sabe que es gente que tiene algo distinto. Entonces poder participar de semejantes eventos con carpa llena y aplausos de pie es como volver a las raíces del circo, donde hay lugar para todos y todos tienen un espacio para contar algo”, agrega, aunque cuenta que a menudo se hace muy difícil articular el trabajo porque por la medicación “no pueden coordinar ni mantenerse en pie o prefieren dormir la siesta, porque eso les produce el Borda, les hace perder el deseo y las ganas de proyectarse”. Justamente lo que Circo Manija está dispuesto a revertir.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sobredosis de ficción.-

Actores, autores y directores de televisión buscan la sanción de una ley que fije una cuota de pantalla mínima y cree un instituto que funcione a la manera del Incaa. En líneas generales, los objetivos son dos: cambiar una televisión signada por el afán comercial y el entretenimiento y favorecer a un gremio descuidado. La idea es que el anteproyecto recientemente presentado en el Congreso se trate el próximo año.

Por Nicolás Sagaian

Buenos Aires, diciembre 29 (Agencia NAN-2010).- La actitud voraz de la televisión comercial, sostenida por “programas basura”, pone en jaque desde hace décadas a un género central e histórico en la pantalla chica argentina: la ficción. Para darse una idea, la reducción de este tipo de contenidos es tan notable que desde la década del ’60 hasta ahora las producciones que logran acaparar el aire “se redujeron un 90 por ciento”, según denuncian desde el Sindicato Argentino de Televisión (SAT). En ese panorama, actores, autores y directores locales hace algunos meses comenzaron a avanzar en la promoción de una nueva Ley de Ficción, que contemple una cuota de pantalla mínima, no estipulada en la vigente Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Como lo resalta el anteproyecto presentado hace poco en el Congreso Nacional, la meta principal es que se fije la difusión mínima de dos telenovelas y dos unitarios de producción propia, así como un programa de música nacional. Además, se busca crear un Instituto de Ficción Televisiva, “como un ente que promueva el género y ayude a crecer a nuevos emprendedores para que la ficción vuelva a nutrir de contenido a una programación que hoy tiene un nivel muy bajo”, sostiene el reconocido actor y director, Patricio Contreras.

La iniciativa no es poca cosa y enfrenta una serie de escollos que son difíciles de sortear. “Los empresarios de los canales de aire privados, los accionistas y los gerentes comerciales casi ni piensan en invertir tiempo para la ficción; en cambio apuestan a los enlatados, programas de chimentos o realities que no requieren de grandes recursos para causar el efecto buscado”, afirma el actor Guillermo Marcos, uno de los promotores principales de la propuesta. Obviamente que el fin último (y central) es meramente monetario, nada más. Mientras tanto los coletazos de este modelo basado en el puro entretenimiento se hacen sentir, perjudicando directamente a los trabajadores y artistas, ya que “el 80 por ciento del gremio está desocupado”, según las últimas estadísticas oficiales. Entonces, la indefensión de escritores, músicos, actores y técnicos se hace visible a la legua y preocupa que la cifra se pueda ir expandiendo mucho más, hasta completarse, en el caso de que la tendencia no se tuerza de inmediato y se profundice el rumbo.

Es que cimentados en el monetarismo puro, los canales de televisión abierta prefieren emitir programas al menor costo con una rentabilidad alta, una ecuación tan vieja como básica. Así, mientras en un unitario o telenovela pueden trabajar cientos de personas, a costos que oscilan entre los 40 mil y los 100 mil pesos por capítulo, la estructura de los programas de archivo o divertimento de una y hasta dos horas requieren de un presupuesto muchísimo menor. “Parecería que el rating manda, vendría a ser como el gurú que todavía nos queda como herencia de las raíces, de la televisión básica. Por eso, novelas como Caín & Abel o Secretos de Amor (ambas con paso fugaz por Telefé) fueron levantadas tan rápido, en pocos meses”, recuerda el dramaturgo, guionista y director, Oscar Tabernise. No obstante, se preocupa en remarcar que tampoco se trata de dar vuelta la balanza: “No tiene que ser o uno u otro, todo o nada, ficción-entretenimiento, los dos pueden con convivir, pero el tema de fondo es aumentar el nivel cultural de la TV que tan abofeteada se muestra”.

Teniendo en cuenta esto último, la televisión debería ser entendida bajo la lógica de “servicio público” al alcance de todos, como reza el comunicador venezolano Antonio Paquali. La ley audiovisual vigente (Ley N° 26.522) apunta hacia ese horizonte especificando cuotas de pantalla para la producción independiente y nacional, en todos los niveles posibles, aunque deja algunos espacios vacíos que no mantienen tranquilos a los artistas. “En la lucha contra los monopolios no debatimos a fondo sobre los contenidos, ahora hay que hacer eso: para fomentar la producción de programas en todo el territorio nacional y volver a exportar productos creados made in Argentina, como en los viejos tiempos, hay que crear un marco jurídico”, sostiene Marcos que hizo su carrera en casi todos los canales, como integrante de las tiras Poliladron (Canal 13), Un cortado (Canal 7), Máximo corazón (Telefé) y El precio del poder (Canal 9).

Como existe una Ley del libro y también otra del cine, los trabajadores de la pantalla chica creen que llegó el tiempo de tener una legislación propia. En ese sentido, intentan crear un Instituto como el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) pero de contenidos ficcionales. “Si bien todavía no está zanjado el debate final, la idea es que la entidad funcione como entre regulador tanto para verificar los contendidos para articular nuevos créditos o exenciones impositivas a las producciones que los necesiten”, detalla la diputada nacional del partido Concertación FORJA Silvia Vázquez, que se encuentra puliendo el anteproyecto. Está “entusiasmada” con que se concrete su tratamiento el próximo año de sesiones parlamentarias. El fomento de las producciones nacionales se complementa, además, con la idea de desalentar la aparición de ficciones extranjeras con gravámenes que protejan a lo nacional. “No existen leyes proteccionistas en el área, entonces además de los créditos y la promoción de nuestros productos, pensamos imponer un tributo mucho más fuerte para las telenovelas extranjeras que tanto llegan al país para abaratar costos en ciertas franjas horarias”, comenta la legisladora que destaca la necesidad de defender la identidad cultural argentina.

Entre tantas importaciones baratas y la proliferación de productos chatarra, la reducción de los programas de ficción en el aire se hizo evidente. De acuerdo a cifras brindadas por el Sindicato Argentino de Televisión, “en la década del 70 se emitían cerca de 90 ficciones” en los canales abiertos; en los ochenta esa cifra se achicó a la mitad, mientras en los noventa se diluyó mucho más. Ahora los números son más escalofriantes, “las ficciones pasaron de una docena a seis en el período comprendido entre 2000-2010”, según lo marcan las últimas estadísticas del gremio. Esto puede corroborarse con un simple zapping hogareño, que permite encasillar a esta temporada que termina como la de menor producción ficcional en la historia de la TV argentina.

“Esto no puede pasar, como actores no lo podemos permitir, es inconcebible”, asegura Contreras, representando la misma sensación de preocupación de todos su pares. Y en sus palabras se transparenta no sólo una proclama de defensa de cientos de puestos laborales, sino un desafío adicional, para evitar la degradación de los contenidos televisivos, a favor de un gran número de televidentes que consumen diariamente una serie de programas que tienen poco, casi nada de contenido, como Intrusos, Gran Hermano o Show Match.

martes, 28 de diciembre de 2010

Observatorio Sur: cine para “abrir los ojos y el debate”.-


Hace cuatro años, una diseñadora y una periodista armaron un archivo de material audiovisual de diversos países. Las películas, que eligen coinciden en el abordaje de “temas que no circulan”. Organizan ciclos, con debates casi obligados. “Nuestro público no es el que se levanta y se va, como sucede en el cine comercial”, explicó Violeta Burkart Noe.

Por Rocío Ilama
Fotografía gentileza de Observatorio Sur
Movilizadas por imágenes que las seducen y les posibilitan el ingreso a realidades poco contadas, Violeta Burkart Noe y Jorgelina Barrera llevan adelante hace cuatro años el Observatorio Sur, un reservorio de unas 150 historias atesoradas en soporte audiovisual, que ellas acercan a la comunidad. A través del cine independiente, documental, algo de video arte o net art, las expresiones que se hacen su lugar son “temas que no circulan y que exponen la diversidad y complejidad del mundo”, contó Violeta a Agencia NAN. “Pueden ser historias de un pueblo que vive sin agua en el nordeste brasilero o de comunidades originarias. También, relatos hermosos sobre la selva peruana o colombiana. La idea es abrir los ojos y el debate.” En síntesis, el Observatorio es “un archivo –en permanente crecimiento-- y distintos ciclos con temáticas particulares”, por ahora. Entre las apuestas que tienen en mente para 2011, se encuentran la realización de producciones propias y lanzar algún ciclo argentino en el exterior.

“Expresiones y miradas invisibilizadas.” Esto es de lo que se sustenta el archivo y las muestras que ofrece Observatorio Sur, explicó Violeta, una de las hacedoras del proyecto que nació en 2007, cuando Jorgelina regresó al país luego de vivir seis años en Barcelona, donde conoció y trabajó en un archivo audiovisual “muy grande”, llamado Observatorio de Video no Identificado (OVNI). Fue el puntapié que llevó a Jorgelina, diseñadora y con un postgrado en antropología audiovisual, y a Violeta, periodista, a inmiscuirse en una iniciativa similar en la Argentina.

El archivo de Observatorio Sur se encuentra en permanente intercambio con el de OVNI. De hecho, arrancaron el proyecto local haciendo muestras con películas que llegaban desde España. “OVNI es un archivo muy variado, con más de tres mil películas, que creó un grupo de catalanes y que ya lleva diez años en funcionamiento”, remarcó Violeta. Así que, luego de trabajar en esa experiencia, “Jorgelina llegó a la Argentina en 2007 con la idea de montar muestras. Por otra parte, yo siempre armaba producciones culturales, por lo que unos amigos nos pusieron en contacto”, recordó. Una intención, surgida de distintas necesidades --la diseñadora más desde la búsqueda estética y la periodista desde el compromiso con múltiples realidades--, las unía: “Había ganas de mostrar y, al mismo tiempo, había que juntar material”.

Si bien el intercambio de material con España es fluido, la forma de trabajo del Observatorio Sur es independiente. Una vez que aquí el proyecto se puso en marcha, las chicas abrieron la convocatoria a realizadores, videoartistas, documentalistas y directores de cine de distintos lugares del globo para que enviaran sus trabajos y así formaran parte del archivo, que crece tras cada llamado a participar. De esta manera, no sólo películas argentinas forman parte del listado: hay brasileras, mexicanas, francesas, africanas y españolas, entre una variedad de procedencias.

“Lo que armamos acá es un archivo también de documentales independientes y documentales antropológicos --explicó Violeta--, y también trabajamos con un concepto, que llamamos ‘Recorridos sugeridos’, es decir una selección de obras visuales de acuerdo a un tema y sobre los que vamos montando las muestras.” Así, por ejemplo, organizan el ciclo Espejos y Espejismos, en conjunto con el Museo Etnográfico Juan Ambrosetti de la Universidad de Buenos Aires y el área de estudios sobre Asia y África de la Facultad de Filosofía y Letras, que se realiza en agosto y cumplió tres años. “Las películas contaron con la participación de docentes que venían a ampliar los temas y crear el cine debate”, informó Violeta intentando dar una idea de cómo es la dinámica de cada ciclo. Es que estas actividades, que entran en acción en espacios alternativos como centros culturales, universidades, escuelas o bibliotecas, “no sólo consisten en la proyección del material. El nuestro no es el público que se levanta y se va, como sucede en el cine comercial”, manifestó.

Lo más frecuente en estos encuentros son las “mesas con invitados”. Por ejemplo, se hizo el ciclo Exilio, Desexilios y Resistencia en la Biblioteca Nacional, que relataba a través de las imágenes el éxodo y destierro en distintas épocas y lugares, al que fue invitado el escritor e historiador Osvaldo Bayer. Como estas muestras, el Observatorio Sur ha producido otras que surgen de la iniciativa de las chicas y a las que les buscan financiamiento. También, pueden surgir ciclos a pedido o porque las invitan a participar en algún lugar o evento. Las muestras itinerantes forman parte de otro de los propósitos de Observatorio Sur.

El trabajo de Jorgelina y Violeta no sólo se focaliza en la organización de las diversas muestras, el de la recopilación y selección de películas y en obtener los permisos de los realizadores, sino que también luchan por conseguir los recursos económicos. Tan fundamental como difícil y tedioso. “Estamos en permanente búsqueda de subsidios, hemos obtenido algunos de España para hacer muestras pero, desde el año pasado, con la crisis, es muy difícil. Incluso los que tramitamos en 2010 todavía no los hemos recibido. Así que empezamos a arreglarnos por nuestra cuenta”, apuntó la periodista.

Diversos son los temas que se encuentran en el archivo del Observatorio Sur, pero la coincidencia reside en que son problemáticas con poca o nula difusión. “Por ejemplo, inmigrantes económicos o políticos, aquellos sin papeles y que son perseguidos, conflictos de los países de frontera. También, temas sobre género, con problemáticas como la prostitución, discriminación y violencia. Historias de exilios, pueblos originarios y de personas que viven en la calle”, enumeró Violeta por mencionar sólo algunos. Una película recuerda con especial atención: Zoológicos Humanos, de un antropólogo francés, al que intentaron traer a la Argentina pero no consiguieron quién pagara el pasaje, contó. “Es muy cruda. En ella el cineasta hace todo un recorrido por lo que eran las exposiciones internacionales de alrededor de 1900, en donde se exhibían a los indios africanos y, los europeos los veían a través de las rejas”, relató Violeta.

Por otra parte, la producción propia es uno de las actividades que tienen programadas llevar adelante durante 2011 con Observatorio Sur. El primer paso parece haberse dado. Violeta contó que si bien están en la búsqueda de temas a desarrollar, “Jorgelina estuvo filmando la historia de una mujer de 70 años que vivía en la calle, y que un buen día su hija, luego de buscarla durante tiempo, la encontró y se la llevó a vivir con ella a Bahía Blanca. Una súper historia, incluso con final”. Sin embargo, ambas ya tienen experiencia como realizadoras: cuando se conocieron allá por 2007, cada una tenía su propia película. “Jorgelina hizo una en España, llamada Can Masdeu, que es sobre una casa ocupada, un caserón muy viejo y abandonado en las afueras de Barcelona, donde viven alrededor de veinte personas. Ella estuvo durante tres años filmando el lugar y las historias.” El audiovisual de Violeta, Argenmex, habla sobre la segunda generación de exiliados y nace como tesis de su carrera universitaria. Esta película cuenta un poco la historia de ella y la de otros hijos que nacieron en México durante el exilio de sus padres.

Otra idea es hacer un ciclo argentino en España, además de continuar con las muestras que realizan todos los años. Asimismo, y aunque parezca una cuestión menor, buscan actualizar su sitio web, para que el archivo del observatorio esté ordenado y catalogado por temas, y así poder exhibir el listado del material audiovisual para que quien guste pueda adquirirlo en el Museo Etnográfico de la UBA. También con esto se busca fomentar el objetivo: “Generar un espacio de encuentro, intercambio, debate y reflexión sobre distintas aristas del mundo contemporáneo y sus variadas expresiones culturales, políticas y sociales”.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Libros: “Precipitaciones aisladas” (Sebastián Martínez Daniell, 2010).-

Con un registro erudito, la más reciente novela del escritor, editor y periodista retrata la historia de amor entre un meteorólogo y su esposa, relación que acaso encuentra eco en el matrimonio de los padres de aquél.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, diciembre 27 (Agencia NAN-2010).- La construcción de una genealogía --o de una historia-- requiere recorridos ejemplares. La novela Precipitaciones aisladas (Entropía), del escritor, editor y periodista Sebastián Martínez Daniell (1971), no es la excepción. La historia, una de amor, narrada en primera persona y con un registro formal, erudito, opuesto al coloquial dominante en las letras emergentes, tiene lugar en un archipiélago ficticio ubicada en el océano Atlántico --tal vez frente a Francia, pero cerca de África y de los gélidos países escandinavos-- llamado Carasia. Precisamente, es uno de los puntos fuertes de este libro.

Allí, el protagonista, Napoleón Toole, un meteorólogo melancólico que tiene alucinaciones con su tocayo pretérito Bonaparte (quien le trae sus “sus preocupaciones de ultratumba”), viaja a un pueblo costero del sur del país para tratar de comprender su fallida relación con su mujer, Vera Pym. Justamente, su relación con esa mujer atraviesa toda la novela. Una mujer calificada de “metódica”. “Vera es tramposa. Nos atrae, nos adula, nos envenena, nos abandona”, arremete el narrador, desengañado.

El relato se mueve del presente al pasado y viceversa para narrar la relación de Napoleón con Vera Pym, pero también con su jardín, habitado por hormigas (el narrador construye una analogía entre esos insectos y él). Pero sobre todo el relato se enfoca en la noche que conoció a su mujer. Como un egiptólogo, se remonta a su historia pasada. Incluso a su prehistoria, cuando niño, en la casa de sus padres, el matrimonio de sus creadores para tratar de entender desde esa pareja su relación amorosa y conflictiva con su mujer. El movimiento implica, en cierta forma, el itinerario que recorre un personaje para acceder a una verdad, por más escurridiza y volátil que sea.

En su reconstrucción genealógica, el narrador también reflexiona sobre la relación del hombre con el clima y el hábitat. Las cavilaciones del protagonista también alcanzan a la barbarie de la especialización del modo de producción: “La especialización del trabajo nos vuelve cada día un poco menos curioso”, cuestiona Napoleón Toole. Esas observaciones son alternadas por discusiones sobre las guerras europeas del siglo XIX.

En esencia, con un manejo virtuoso de la prosa, los recursos literarios, enciclopédicos y populares, Precipitaciones aisladas narra una historia de amor. Se trata de una novela narrada que juega al escamoteo y a los aludidos. De todos modos, la premisa del libro es más atractiva que el resultado.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Marcelo Leguiza: “El cine bizarro tiene más público porque ahora los freaks estamos bien vistos”.-

El director de Marihuana radioactiva interplanetaria, segundo largometraje de la productora Mutazion, contesta por qué hace “cine punk”, cómo filmar cortos con 25 pesos, quiénes nunca estudiaron y hoy la rompen, cuáles son las dificultades con que deben lidiar los realizadores para conseguir un subsidio del INCAA y qué del proyecto de Menem para mandar naves a la estratosfera podría volverse realidad.

Por Facundo Gari
Fotografía de Cecilia Villegas (1) y gentileza de MRI (2)

Buenos Aires, diciembre 24 (Agencia NAN-2010).- Marcelo Leguiza se resguarda a la sombra de un toldo de San Telmo, a metros del bar Británico, donde luego será la entrevista con Agencia NAN. A través de sus lentes negros, el cineasta de 29 años mira la hora en su celular mientras se despega la remera roja con la estampa de un soldado de asalto de Star Wars, pesada por la transpiración aunque no tanto como el disfraz de alienígena de uno de los protagonistas de --vaya nombre-- Marihuana radioactiva interplanetaria (MRI), su más reciente largometraje. La Ciudad de Buenos Aires tiene el letargo que le imprime el calor del mediodía, y sin embargo él llega en bicicleta, su transporte por elección. Cierto carácter orgánico reside en ese atisbo de buena salud: para llegar, hay que pedalear, como hace doce años lo hace su productora de “cine punk”, Mutazion. “La denominación ‘cine independiente’ no me gusta. ¿Lo hago porque queda lindo decirlo? Los miembros de la productora venimos del punk y esa es la estética de las películas”, zanja luego de una sesión de fotos para la cual se presta a posar con garras de cotillón. Las guarda como obsequio. Y acepta utilizarlas en alguna filmación.

Googleo mediante, el nombre del film conduce a The Internet Movie Database (IMDb), una de las mayores bases de información on-line sobre cine, televisión y videojuegos. Los datos son apenas los de los actores del reparto, y un curioso logaritmo lleva a la recomendación Mr. & Mrs. Smith (2004), comedia romántica protagonizada por Brad Pitt y Angelina Jolie. Váyase a saber qué tendrán en común para los digitadores del sitio, pero sin lugar a dudas no una coincidencia presupuestaria. Mientras el film dirigido por Doug Liman contó con apenas 110 millones de dólares, MRI fue realizada con ¡2 mil pesos!, que provinieron de los aguinaldos de otros trabajos de Leguiza (camarógrafo en América 2) y el sonidista de Mutazion, Oscar Pata. “Hay veces que hacemos cortos con 25 pesos. Tenemos ese ritmo y fuimos levantando la calidad. De hecho, para MRI varios piensan que gastamos 10 mil pesos”, cuenta el director.

Tampoco tienen ambas películas trama cercana. La de MRI toma como punto de partida un hito en los discursos públicos: el lamentable trip del ex presidente Carlos Menem, que en 1996 prometió instalar en Córdoba una “plataforma” para “naves espaciales” con destino a “Japón, Corea o cualquier parte”. En la película, la promesa es realidad, pero aquellas embarcaciones llevan al hombre argentino hacia su evolución definitiva, un reptil que surca las galaxias con una camiseta de Racing y una envidiable provisión de faso. Antes de concretar un asado con Alf, este horripilante ser intenta realizar unos estudios en un espécimen porteño y rapta por eso a un dealer distraído, que finalmente roba de la nave una gran provisión de THC. Se adivina el porvenir: el dealer y sus amigos --devenidos en una suerte de banda “onda Scooby Doo”-- deben escapar de las garras del fumón espacial, dispuesto a todo por recuperar su yerba. “MRI es una película muy especial porque es un festejo. Y el rodaje fue eso: mucho porro y mucha cerveza. En otros rodajes, nos quedamos careta para no irnos a la mierda, pero esta vez, como cumplimos doce años, fue todo lo contrario”, admite Leguiza en la charla con esta agencia.

-- Recientemente, en un diario argentino salieron dos noticias vinculadas a la marihuana. “Dicen que afecta más al inicio de la adolescencia” y “EEUU está preocupado por la droga en el GBA”. ¿Por qué cree que hay sectores que insisten en una mirada negativa sobre el consumo de sustancias recreativas?
--Para mí, todo el mundo se fumó un porro. Hay desinformación. MRI no es apológica sino flashera. Y se nota que estábamos fumados, que no era un rodaje careta, porque incluso nos potenciamos. De la productora es la segunda película, y la hicimos para festejar los doce años. De hecho, actúo yo, que por lo general no lo hago. No es muy rigurosa actoralmente.

-- Sí lo es en términos técnicos. Con un presupuesto tan bajo, ¿cómo se resuelven los escollos en busca de mejor calidad?
-- Es el laburo el que hace que todo salga mejor. Además, el color, la posproducción. Si te ponés a fijar sueldos y trabajos de posproducción, se te van cuatro mil pesos. Es lo que tiene la película. La idea fue hacer una bizarra, pero no hacerla mal bajo esa excusa. MRI tiene técnica, puestas, música, pero es bizarra. El trabajo final respeta lo bizarro pero no está mal hecha.

-- ¿Es que lo clase B y lo “mal hecho” van siempre a la par?
-- Hay películas bizarras en las que si sale un tipo atrás, se excusa: “Si total, es bizarra”. Hay un preconcepto que incluye el no hacer cine bien en lo bizarro. Ese es un problema. Nosotros laburamos como profesionales. Hay gente que dice: “Vamos a usar cualquier cámara, total es bizarro.” Antes, hicimos Mutazombie y caímos en ese error. Ahora la vemos y decimos: “Un garrón.” Nos molesta ver esa película.

-- ¿De dónde proviene la denominación “cine punk”?
-- El “cine punk” viene con otra productora, Sarna, una con la que trabajamos en conjunto muy seguido. Hace poco fui productor asociado de una película que hicimos y que se llama Trash, que tiene 3 mil cortes en 60 minutos. Hay que verla porque cambia la forma de ver cine en Argentina. De hecho, ganó como “mejor película iberoamericana” en el festival Buenos Aires Rojo Sangre 2010. La denominación “cine independiente” no nos gusta, porque es como lo bizarro. Cuando era más pibe, tenía dos bandas, Peligro y Rabioso, y cuando no teníamos ganas de ensayar, agarrábamos la cámara y hacíamos cualquier cosa. Así llegamos a los 60 cortos. Muchos no están en Internet porque no da. En la primaria hacía cortos y no sabía qué eran. Era más o menos 1994, porque recuerdo que hicimos uno cuando Argentina quedó fuera del Mundial. Era el menemato, y el padre de un compañero compró una cámara. Se la robábamos e íbamos a filmar. De ese grupo, el único que terminó estudiando cine fui yo.

-- ¿Dónde?
-- Hice un año en la Enerc (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) y dos años de CIC (Centro de Investigación Cinematográfica). Nunca terminé la carrera. A partir del segundo año de CIC, empecé a trabajar. Empecé a darme cuenta de que no servía estudiar. Sentía que estaba tirando la plata. La carrera tendría que ser de un año de teoría y uno de práctica. Entonces, empecé a hacer una pasantía en TyC Sports y a ver que sacaba plata entre eso y otro laburo, como repartidor de pizzas, plata que podía usar para filmar. Así empecé a autogestionar Mutazion. A veces hablo con gente y este tipo de comentarios cae mal.

-- ¿Por qué?
-- Hay gente muy rigurosa que dice que hay que hacer los tres años de escuela. Tarantino y Robert Rodríguez nunca se recibieron; y si alguien me pregunta, yo le digo que no termine: que estudie un año, que se preocupe por aprender y que empiece a buscar laburo. Incluso hay estudiantes que dicen “si no tengo tal cámara, no filmo”. Te meten ese dogma... Y es muy raro que habiendo 30 mil estudiantes de cine por año no haya en ese tiempo ni cerca de 30 mil películas...

-- ¿Cuáles son los espacios de distribución para las alrededor de diez que sí se producen?
-- Ahora se abrió una pequeña industria en donde no hay ninguna. Está la industria comercial, subsidiada por el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y que no incluye al cine bizarro. Si querés hacer una película subvencionada por el INCAA, tenés que poner la escritura de tu casa. Y encima siempre tenés que trabajar con gente del Sindicato de la Industria Cinematográfica, y eso es un problema. Ninguno de nosotros está afiliado. Tenés que laburar con ellos, no podés con tu director de fotografía. Nosotros preferimos laburar con un presupuesto límitado y hacer lo mismo.

-- Pero sin cobrar sueldo...
-- Cobramos nuestro laburo si pegamos con Mutazion publicidad, videoclips, dvds... Si tengo que ir a hacer cámara al INCAA, voy a ir, obvio. No estamos en contra de ganar guita. Si con Mutazion no pegamos laburo, tenemos que poner un pedacito de nuestros sueldos para pagar lo que queramos filmar. Así nos financiamos...

-- ¿Y en cuanto a espacios de difusión? ¿El cine lo fi no tendrá nunca su INCAA TV?
-- Había otro plan muy parecido, te compraban cortos. Pero era la misma burocracia: tenías que poner plata para que te lo pasen por el canal del INCAA. El medio de difusión más importante que tenemos es el Rojo Sangre. Nuestra carrera la hicimos ahí, entre cortos y películas. Para proyectar tenés espacios, pero en forma de ciclos. Luego no hay muchos. Habíamos pegado Artecinema para pasar MRI y Trash, onda grindhouse, durante un mes. Estaba muy buena la idea. Y se enteró el INCAA y le dijo que no, que allí sólo se podían proyectar películas suyas. Dieron de baja a todas las películas independientes. Ahora estamos en tratativas para hacer lo mismo en la sala Cosmos el año que viene. Se abren espacios porque dejaron de ser tres películas las de la movida.

-- ¿Y eso con qué tiene que ver?
-- No es una explosión, pero en el Rojo Sangre estuvieron todas las salas llenas. Hay dos distribuidoras laburando con este tipo de cine: SRN, que nos distribuye a nosotros, y hay otra que se llama Videofilms. Ambas laburan con catálogos en Internet. De a poquito se abren bares o centros culturales donde exclusivamente se proyecta este tipo de cine. Nosotros trabajamos tercerizados con productoras más grandes, a nivel industrial. Nos van conociendo. “Ah, mirá, estos tipos hacen este cine con el mínimo presupuesto.” Y nos dan laburo. Porque no pueden entender que hagamos una película con 2 mil pesos. Pájaros volando, la última de Capusotto, está subsidiada por el INCAA, y cuando la vimos, pensamos: “Nosotros podemos hacerla mejor.” Técnicamente, algo raro hay ahí. Después hay productoras que ya están en la industria, a las que las grandes empresas les piden trabajos. Nos miran desde arriba como diciendo qué está pasando acá. Algo estamos haciendo bien o ellos están haciendo algo mal. Además, hay un público que busca otro cine. Suena raro, pero hay más freaks. Hace unos años, el tipo que coleccionaba muñequitos o comics era más atípico, pero ahora somos una generación de freaks, y somos más los interesados en estas películas. El cine bizarro tiene más público porque ahora el freak está bien visto.

* En la actualidad, Mutazion rueda su tercer largometraje, Mocosis, en la ciudad bonaerense de Lanús. Se trata de una historia surgida a partir del corto Baba de caracol (diarrea bucal) y que será estrenada en mayo del próximo año.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Una Indómita Luz que ilumina la estética de la construcción colectiva.-

La cooperativa nacida del Instituto de Arte Fotográfico de Avellaneda surgió como un espacio para abir el juego frente a las restricciones que impone el mercado laboral y la falta de lugares de exposición. Lejos de eso, lentamente lo va logrando: a través diferentes lentes, pero bajo una misma tónica, los integrantes del grupo ya sacaron a rodar su primera revista que intenta “poner en crisis” la manera de comunicar de los grandes medios, profundizando el tratamiento de la imagen.

Por Nahuel Lag
Fotografía gentileza Indómita Luz

Buenos Aires, diciembre 23 (Agencia NAN-2010).- Cruzaban La Pampa en línea recta. “Rutas desiertas si las hay como para que se te ocurra algo”, recuerda Hernán Vitemberg, que el verano pasado estaba al volante sobre el asfalto pampeano. Atrás había quedado el Instituto de Arte Fotográfico y Técnicas Audiovisuales de Avellaneda (o EDAF, como lo denominan los que se identifican con la escuela). “La idea se empezó a complejizar. Desperté a mi compañero, me pasé al asiento del acompañante. Tenía que volcarlo en un papel”. El bosquejo del proyecto rutero llegó vía mail a decenas de compañeras del EDAF. Veinte respondieron y quince, finalmente, se reunieron en abril a darle rollo a la aventura. ¿Cuál fue el “click” en la cabeza de Hernán? Cómo crear un proyecto autosustentable, que abra el juego a los fotógrafos novatos frente a las restricciones impuestas por el mercado laboral de la fotografía y el corset creativo obligado por la falta de espacios de exposición. En menos de un año, el plan evidenció sus primeros frutos y comenzó a caminar: la cooperativa fotográfica Indómita Luz sacó a rodar su revista.

Los primeros flashes

“Nos pensamos como grupo, con una identidad propia”, resume Hernán. La identidad la vienen armando desde hace rato. Y para eso, la escuela de fotografía es el punto de referencia de los integrantes de Indómita…, pero lo es más por saber “ponerse la mochila al hombro” que por mérito académico. “Todo surge a partir de las necesidades”, apunta el de la idea al viajante. La cooperadora y la biblioteca se transformaron en espacios abiertos por los estudiantes para hacer frente a las respuestas que no llegaban desde el rectorado. Sin embargo, lo fundante fue el Festival EDAF y sus continuas ediciones desde 2005.

“El festival surgió para socializar la fotografía. Por un lado, para abrirla hacia las personas que no tienen cercanía con el arte: al barrio, a los chicos. Por otro lado, para que los fotógrafos, estudiantes o egresados, que no somos conocidos en los circuitos de las galerías, podamos exponer nuestros trabajos sin restricciones. El que quiere colgar, cuelga; no hay un equipo que seleccione las obras ni hay que pasar por un concurso”, explica Melisa Scarcella.

Para Abi Ribot, otra Indómita, además de abrir un espacio alternativo para la exposición, el festival permitió experimentar con performances e instalaciones, además de tirar lazos con otros artes como el cine, la danza y la música.

Si la escuela es el lugar de pertenencia, el punto de referencia de saberes, ganas y necesidades. Entonces, la revista es el espacio de encuentro y realización profesional. Con el título en la mano o con las ganas de empezar a ganar los primeros pesos, el abanico de la fotografía se extiende desde el fotoperiodismo a la foto de autor, en círculos cerrados y de difícil acceso.

Más allá de que Melisa ironice con que a los Indómita (el artículo masculino entra en crisis porque la cooperativa está conformada por 14 mujeres y tres varones), con varios ensayos fotográficos realizados en colectivo, les “encanta trabajar gratis”; el panorama en la fotografía es muy individualista. De eso da cuenta Abi que explica que lo que el colectivo busca es “salir del condicionamiento de la competencia y crear un proyecto de conjunto”.

Nietos del 2001

La crisis económica desatada durante el gobierno del ex presidente Fernando de la Rúa y su huída en helicóptero, no sólo género grandes manifestaciones populares sino que marcó un quiebre en la conformación política-organizacional de la sociedad. La autogestión y la acción cooperativa se multiplicaron en el ámbito laboral, en las fábricas recuperadas, así como también en el ámbito comunicacional, a través de los medios alternativos.

Mientras eso ocurría, los Indómita estaban a un par de años de conocerse, aunque colectivos de fotógrafos como Subcoop o Imágenes en Lucha se comenzaban a formar en el encuentro de fotógrafos jóvenes que registraban las movilizaciones callejeras y la represión policial que se cobró casi 40 vidas en todo en todo el país.

“Del proceso de 2001 somos nietos, pero sí nos consideramos hijos de los colectivos que surgieron entonces. Nos influyeron, nos guiamos en ellos, para aprender de su trabajo. Rescatamos la horizontalidad con la que se manejan y el valor de reunirse, generar un grupo de trabajo con aspiraciones a la sustentabilidad; para vivir de acuerdo a ciertas convicciones”, asegura Hernán.

No obstante, de lo observado, hay algo que los inquieta: lograr una identidad estética propia, como lo lograron los colectivos más veteranos, que ponga en crisis la manera de comunicar de los grandes medios y genere “una nueva forma de transmisión de mensajes más críticos”.

“En un medio gráfico, la foto que sale publicada es una entre miles de las que sacó el fotógrafo. Y termina por ser resignificada por el medio. Pasa a ser de otro. En cambio, a partir de los ensayos fotográficos podemos buscar otra mirada, otra profundidad en el tema a partir del detalle que se le escapa a la masividad buscada por el gran medio”, apunta Abi. “En la época en que la imagen está por todas partes, la idea es generar producciones que no terminen por anestesiar por su repetición sino que muestran otra cara de la realidad”, agrega Melisa.

Una foto, varias lentes

El mensaje crítico no sólo se construye desde un lente sino en el trabajo colectivo: “podemos trabajar individualmente, pero el valor es enorme cuando entre todos generamos la idea de un ensayo, salimos a producir el material y concluimos en una producción que lleva el sello de la cooperativa”, analiza Melisa.

La estética que transmita la ideología de la construcción colectiva la buscan cada domingo que se reúnen y la piensan en el camino al trabajo que les permite sustentar el sueño cooperativo. Incluso lo plantean antes de recibir un pedido por “servicios”, como denominan la oferta de generar un ingreso a partir de realizar trabajos de books o publicidades: un porcentaje para el trabajador y otro para la cooperativa.

Mientras van haciendo el camino que aprendieron de los colectivos de fotógrafos nacidos en plena crisis: la propuesta de salir del mercado y creer que sí se puede vivir de la fotografía sin tener que tranzar con lo que creemos estética e ideológicamente”, sueña Hernán.

“No todos en la cooperativa tenemos las mismas inquietudes o preocupaciones sociales, pero el proyecto te transforma. Te lleva a comprometerte a sentir de cerca problemáticas que individualmente no nos animaríamos a abordar. Una imagen puede sensibilizar, puede generar reflexión, pero no cambia ninguna realidad social. Lo importante es que la fotografía te involucra y te cambia”, invita Hernán e Indómita Luz dice: “pasen y vean”.

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Casa del debate y del arte popular.-

Nacida con una finalidad gremial, de la mano de docentes, la Casa de Trabajadoras y Trabajadores Fuentealba acaba de cumplir tres años. El propósito original de la casona ubicada en Temperley se amplió, sobre todo en 2010: asambleas y debates se cruzan con talleres, muestras y proyecciones. "Nos interesan las expresiones que tienen que ver con la vida de los trabajadores", puntualiza una de las fundadoras.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Casa Fuentealba

Buenos Aires, diciembre 22 (Agencia NAN–2010).- “Existen espacios grandísimos, súper producidos y con mucho apoyo, que no tienen la vida de esta pequeña casita que vive y camina gracias al esfuerzo de un par de personas que creímos en ella." La reflexión de María Florencia Muñoz sale despacio, suavemente. No está cargada de rencor hacia los proyectos que la “tienen fácil”, sino de todo lo contrario respecto del sueño que hace tres años empezó a cumplir con un grupo de colegas. La docente de nivel primario habla con tranquilidad y esperanza de la Casa de Trabajadoras y Trabajadores Carlos Fuentealba, que cumple tres años de puertas abiertas en Temperley, Buenos Aires.

En el camino de la lucha gremial que sostenían a diario, un grupo de delegados de Suteba de distintas escuelas de Lomas de Zamora comenzaron a soñar con la posibilidad de tener un espacio propio que, a la vez, sea abierto. “Por fuera del sindicato, los laburantes no tenemos lugares donde reunirnos, donde organizarnos. En los '60 y los '70, esos espacios autogestionados estaban por todos lados. En los '80 hubo un pequeño resurgimiento, que se desplomó en los '90, cuando no quedó nada”, recorrió María Florencia. Los creadores de “la Casa”, como suelen llamarla, quisieron impulsar el relanzamiento de esas iniciativas en el sur del Conurbano, a las que consideran “una alternativa frente al sistema que busca fomentar el vínculo público, entre las personas”.

Las puertas de una casona vieja de 14 de Julio 140, en Temperley, se abrieron el 18 de diciembre de 2008. Su primera y originaria finalidad fue gremial. Los docentes creadores del proyecto formaban parte --y aún lo siguen haciendo-- de la Agrupación Carlos Fuentealba y la intención era darle un techo al funcionamiento de ese colectivo. La razón del nombre tiene que ver con una reivindicación del nombre del docente neuquino que murió asesinado por una bala policial mientras mantenía una protesta por las condiciones laborales de él y sus compañeros. “Seguimos valorizando a la lucha de los trabajadores en todas sus expresiones. Se trata de una consigna de trabajo primordial; es lo que nos moviliza a hacer”, puntualizó la maestra. Con ese sentido, dos salas de la Casa se llaman Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, asesinados por la Bonaerense durante un corte de la avenida Hipólito Irigoyen en 2002. También se manifestaron en repudio por la muerte del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra.

Sin embargo, “la integración de compañeros más jóvenes y de otras áreas y mundos que se fueron sumando amplió la propuesta”. A tres años, la joven mujer balancea el crecimiento del espacio y rápidamente saca conclusiones: 2008 fue un año de pulmón en un laburo de hormiga para que el proyecto pueda salir caminando solito; 2009 fue el momento de recogimiento y de muchos acontecimientos. Pero el 2010, sin duda, fue el año de la explosión cultural de la Casa. “Nunca nos diversificamos tanto”, aseguró María Florencia.

A las asambleas, charlas y debates que suceden desde el inicio en la Casa, se sumaron propuestas culturales, talleres de variadas disciplinas artísticas. Además, el lugar se convirtió en escenario, sala de exposición y de cine de diferentes artistas independientes y autogestivos. “La Casa se convirtió en una alternativa para quien estaba buscando un lugar donde estar, donde ser”, apuntó María Florencia, antes de limitar ese ser/estar al significado/significante de la palabra trabajo. Por un lado, la maestra de grado explica que el espacio Carlos Fuentealba es aquél “donde se pueden dar todas las expresiones de un laburante: el trabajo, el descanso, la organización, el disfrute, la expresión cultural”.

Pero la frontera también se dibuja desde la definición de la palabra "cultura", que cobra vital importancia en el puente construido entre los objetivos primitivos de la casa y su funcionamiento actual, ampliado. “Entendemos lo cultural desde la puesta en arte de lo popular. Nos interesa esa clase de expresiones, que tienen que ver con la vida de los trabajadores. La cuestión abstracta, que no sabe bien a dónde va, qué quiere decir, no nos interesa demasiado”, puntualizó la docente.

Además, la Casa es un punto de reconocimiento para el barrio y los vecinos que lo integran. “El proceso no fue fácil. Nos costó que nos pierdan el miedo y se hagan amigos”, comentó la docente. ¿Miedo? “Es que está todo tan metido para adentro que cuesta salir al sol”, explicó. Hoy, muchos de ellos toman clases de tango, folclore, música o pintura. Tantos otros se acercan cuando cae el sol a charlar un rato. La casa ya es del barrio.

*La Casa de Trabajadores y Trabajadoras Carlos Fuentealba mantiene una convocatoria permanente a artistas que deseen exponer sus creaciones --plástica, cine, música-- y a aquellos incipientes creadores que deseen explotar sus ganas de hacer. Por otro lado, la Casa está abierta para estudiantes y trabajadores que necesiten un espacio de reunión.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Discos: “Espíritu salvaje” (Onda Vaga, 2010).-

Mezclando sonidos rústicos y acordes naturales, el último álbum del quinteto en poco más de cincuenta minutos invita a pasar por todos los estados anímicos pero siempre en clave festiva.
Por Laura Cabrera

Buenos Aires, diciembre 13 (Agencia NAN-2010).- La segunda placa de Onda Vaga --quizá la última banda independiente en cobrar cierta masividad--, da a entender con simpleza por qué se llama Espíritu salvaje y al mismo tiempo invita a viajar a un sinfín de posibilidades e interpretaciones, dado que los ritmos y los instrumentos están delineados perfectamente: sonidos rústicos, de acordes naturales y elementos básicos. Desde lo más ruidoso hasta lo más relajante, todo invita a volver a las raíces y dejar aunque sea por un momento de lado los excesos de artificio. Esta vez los vagos Nacho Rodríguez, Marcelo Blanco, Marcos Orellana, Tomás Gaggero y Germán Cohen sorprenden con temas nuevos y otros que ya habían sonado en la presentación de Fuerte y caliente (2008). El flamante álbum es un disco caleidoscópico, puesto que, dependiendo el lugar desde el que se lo interprete, ofrece definiciones salidas de una misma plataforma: la naturaleza.

El disco mezcla las raíces folklóricas, como bases de chacarera un tanto batidas con algo de bolero y hasta un atrevido charleston acelerado al grito de “este es mi mundo”, en el tema “Continente de perlas”. Alegre, como Fuerte y c aliente, en Espíritu salvaje no se privilegian los instrumentos sofisticados ni las voces prolijas, sino los básicos, como el cajón peruano y la guitarra criolla, con variaciones en rasgueo y punteados --que casi sin que uno lo note pueden adaptarse a cualquier estilo-- y coros desalineados que no pretenden ser perfectos sino simplemente soltar voces al aire.

Pero no menos llamativo resulta el contenido en cuanto a tiempos y letras, dado que la particularidad de los 19 cortes se basa en la insistente alusión a elementos naturales como el agua, el fuego y la tierra, además de la predominante velocidad de melodías que sin lugar a dudas obligan a bailar. O al menos a intentarlo.

Además del júbilo ya patentado de Onda Vaga, la tónica de la placa puede resumirse en una frase: una apuesta a la vida como una burla a la muerte y a la mufa. Y de esa manera finaliza el disco, con temas como “Sentido de la vida”, en donde los vagos entonan “Qué sentido la vida/qué sentida mi vida/con calor todo es mucho mejor”; seguida de “La muerte canta”, una canción que representa algo así como un atropello a la temida parca y a la mala onda. Allí se escucha: “En mi sueño la muerte canta/sabe que no puedo resistir/mi deseo de felicidad”. Aunque resulte llamativo, estos dos temas con letras alentadoras son los más lentos, junto con “La pipa de la paz”, tan pausada como su “ejército de los fumadores”.

También hay reversiones. El ya conocido “Así”, esta vez se presenta con tiempos más marcados a través de la percusión y equilibrados coros que hacen que el tema se inicie con un aire sesentoso, pase por un forzado remix generado por la mezcla instrumental y que culmine con aires de candombe.

En poco más de cincuenta minutos, la vagancia pasa por todos los estados anímicos pero siempre en clave festiva y sorprendiendo por la diferencia de estilos en comparación a su opera prima. Es que, Espíritu salvaje presenta un importante agregado instrumental y esa energía adicional del salvaje y vagabundo, de aquél hijo del sol y del fuego que se predica en “Marineros”, ese que de sentirse tan libre grita a los cuatro vientos y expresa lo que siente sin preocuparse por el qué dirán. Sin lugar a dudas, es una invitación casi obligada al coreo y el baile al ritmo de Onda Vaga.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Sara Joffré: “En Perú hay mucha gente pobre haciendo teatro”.-

Es una de las dramaturgas más importantes de su país. En otras épocas se abocó también a la dirección y a la actuación. Es una gran promotora del movimiento teatral peruano: en 1974 fundó un festival que todavía persiste, sin ningún apoyo estatal. En esta entrevista, esta joven de 75 años se autorretrata, comparte su visión sobre el teatro de su país, el latinoamericano, y sus impresiones, que parecen instantáneas, de cuando conoció al Che.

Por María Daniela Yaccar
Fotografías de Cecilia Villegas

Buenos Aires, diciembre 17 (Agencia NAN-2010).- Ésta es una de esas notas que comienzan en la intuición, con un primer capítulo en un asado en un predio municipal de Caseros. “Ella es toda una personalidad de Perú”, recogió esta cronista al azar, en medio del barullo esperable en un encuentro que reunía a elencos de teatro de América Latina. “Ella” era Sara Joffré, la única extranjera que se entregaba al mate. Encima, se atrevía a denunciar que el agua estaba fría. Prolífica dramaturga, actriz y directora de 75 años, se le atribuye haber promovido y consolidado el teatro de su país, y tiene en su haber un anecdotario jugoso como para escribir un libro, conocimiento para dar cátedra durante horas, y una sonrisa blanquecina para congelar en una foto. Valía la pena un segundo capítulo.

La cita con Agencia NAN se produce a pocos días de que Sara vuelva a su tierra natal. Llegó aquí para participar de varios festivales con su obra Especies, que aborda la problemática de la pedofilia, dirigida por Diego La Hoz. La entrevista es más un monólogo que otra cosa. Sara se distrae contando historias y nadie querría detenerla. Mientras, golpea la mesa con los dedos, la recorre y se detiene cuando llega el clímax. Su voz se vuelve aguda cuando algo la indigna. Ofrece café en vasos de plástico y termina tomando agua caliente porque dice que tiene la garganta seca. Para acompañar, reparte en pedacitos iguales las tres galletitas de cereal que tiene. Hace posar a la cronista y a la fotógrafa para llevarse un recuerdo. Y pide que la dejen en el aeropuerto mucho tiempo antes de arrancar el vuelo, porque le fascina estar ahí. Avisa que esperará sentadita, en un “cafetín”.

La vida y, por ende, la cosmovisión de Sara están marcadas por un episodio de novela. Su papá era hijo de un argentino, aparentemente oriundo de Mendoza, y de una chilena, que lo regalaron cual paquete a otra familia. “Mi abuela dejó una carta melodramática”, cuenta. Y dice que ella no podría ser de otra manera. Ve la vida con ojos de poesía. Sobre esa base emergió una primera obra teatral, en 1961, El jardín de Mónica, con un tinte marcadamente metafísico. No obstante, más tarde, otro episodio que se ocupará de contar, llevaría a sus producciones a un lugar más crudo. La inspiración comenzaría a brotar de situaciones reales; de los diarios, la calle y los viajes.

La huérfana harapienta

Tenía apenas dos años cuando conoció los aplausos y le gustaron. Acompañaba a la escuela a su hermana mayor. “No tenían dónde dejarme”, recuerda. Un día cantó desde un escenario: “Chunga para acá, chunga para allá, ay las olas que vienen y van. Me dicen que soy bonita, yo no sé por qué será, si alguno tiene la culpa que le pregunten a mi mamá”. Luego de entonar la cancioncita, cuenta que abandonó Callao, ciudad del centro-oeste de Perú donde creció, para instalarse en La Victoria. Fue tras el terremoto de 1940. Cuando comenzó las clases en un colegio estatal, el República de Panamá, la ovación volvió a conquistarla. “Mi hermana tenía que decir un poema y se olvidó la letra. Salió tres veces. Era una fiesta importante, porque celebrábamos la independencia de Panamá. Alguien me empujó y yo recité La huerfanita harapienta. Como estaba más flaca que ahora creyeron que me refería a mí”. A las órdenes de la señorita Zoyla Ahumada --“el nombre parece un cuento mío, pero no tengo tanta imaginación”, aclara Sara--, probó comedias en verso que todavía recita sin dificultad.

Dio sus primeros pasos en el Club de Teatro de Perú, donde montó su primera obra. Al poco tiempo la becaron para viajar a Europa. En España, su vecina era Montserrat Roig, escritora catalana que en ese entonces tenía 15 años. “Le di un librito con dos obras mías y me dijo: ‘¿Y esto qué tiene que ver con tu país?’ Me golpeó”, cuenta Sara. En ese viaje también se enamoró de Bertold Brecht, al ver La resistida ascensión de Arturo Ui. Así se concretó el pase de la poesía a la crítica social, presente también en sus obras para niños. Cuando retornó a Perú, lo único que tenía en la cabeza era fundar su compañía. Lo logró en el ’63. Se llamó Homero Teatro de Grillos.

Un teatro color marrón

En el ’74 entró en cólera con los críticos “porque decían que no existía el teatro peruano”. Y aquí viene por qué Sara es considerada una piedra fundamental para el arte escénico de su país: en 1974 creó una muestra que congregó a grupos nacionales, algunos de los que luego se volverían emblemáticos, como Cuatro Tablas y Yuyachkani. El encuentro sigue en pie. En un país sin ningún tipo de apoyo estatal a la actividad, con un Ministerio de Cultura recientemente creado, la chispa que encendió Sara hace un par de décadas no vino nada mal. Más en un país que desvaloriza lo que allí nace, lo que se vincula de manera genuina con su realidad. “Somos muy duros para aceptarnos como peruanos: los blancos se creen peruanos de una manera, peruanos europeos. Los cholos no les gustan a los blancos. Pero el pueblo se identifica con el color marrón.” Esa lucha, la de reivindicación de lo propio, también la llevó adelante desde Muestra, una revista autogestionada, dedicada a dramaturgos peruanos.

La muestra se proponía responder a una pregunta: ¿existe el teatro peruano? “Después de cinco versiones entre Lima y Callao sale a Cajamarca, el lugar donde el inca fue sometido por los simpáticos conquistadores con sus fierritos. Ahí empieza a crecer”, cuenta Sara. “Este año se va a hacer en Trujillo, donde nació nuestro papito, Francisco Pizarro.” El encuentro funciona cual fiesta popular. Hay una celebración que se llama Yunza: se coloca un árbol y los presentes lo bordean con hachas, quien lo derriba es el padrino y tiene que pagar la próxima fiesta. “Es la base de los festivales que se están realizando en América latina: la hospitalidad. En la mayor parte de los que he ido, desde el ’92 para acá, no hay un financiamiento patronal. No los apoya el gobierno”, explica.

¿Qué hay sobre aquella pregunta inicial? “La evidencia es más que la respuesta. Ahora hay muchos grupos o, voy a sonar ridícula –advierte Sara--, mucha gente pobre haciendo teatro.” Lo que define al “teatro de los pobres”, según ella, es que “relata vivencias efectivas”. En su país, uno de los grandes saltos lo dio el grupo encabezado por Mario Delgado, Cuatro Tablas, que deslumbró a Europa. “No eran indiecitos que iban con sus plumas”, añade. Ahora, los festivales en las afueras de Lima se pueblan de extranjeros. “Uno se llama Fiesta del Teatro de Calles (Fiteca). La gente aloja en sus casas a los teatristas. Los europeos se vuelven locos: no es ir a un hotel de ocho estrellas. Es ir a vivir con la gente, comer su comida, que a veces no te gusta, bañarte en la lucha y que se corte la luz. Es una vivencia irrepetible. Seguramente con comodidades, no quiero que los del Fiteca se vayan a molestar.”

“Para todos esos que dicen que no hay teatro peruano, hay festivales que juntan a 500 personas con una propaganda mínima”, festeja Sara. “El apoyo estatal ayuda pero no cambia. Un refrán dice: es como el cepillo del carpintero que mejora los bordes y no cambia la madera. El que quiera hacer teatro lo va a hacer con o sin subsidio.” Como se ve, la suya es una realidad bien distinta a la argentina. Según ella, aquí puede verse “el mejor teatro” de Latinoamérica. “Es líder porque fundó el teatro boliviano, en Ecuador lo instaló Arístides Vargas, también el movimiento venezolano lo originó un argentino. De ahí sale Cuatro Tablas. En 1930 estrenaron aquí a Brecht, a dos años de que él haya estrenado la ópera. Aquí estuvo Margarita Xirgu con Lorca. Pero muy a nuestro pesar, el teatro que practicamos es a la usanza del teatro europeo. Todavía no hemos investigado sobre las fiestas populares, que son precolombinas.”

Cuando Sara vio al Che

Desde muy joven, Sara comprendió que el teatro no le alcanzaba para vivir, y trabajó en el sector de teléfonos públicos de la Compañía Peruana de Teléfonos hasta 1992. “Se veían los caballos de regreso. Son muy simbólicos los españoles: regresaron a los 500 años a Perú. Al conformarse la Telefónica de España, agarré mi sobre de pago y envié mi renuncia. Antes, oyendo los caballos me pregunté: ¿Qué voy a hacer el próximo año? Fijo, voy a ser más vieja. Renuncié el 30 de junio del ’92.” Mientras duró, su trabajo le permitió hacer algunos viajes. Cuando planeaba uno a la Argentina –un poco para resolver aquella historia traumática mencionada al principio-- cambió su destino por otro sueño: conocer La Habana. Y lo que sigue abajo es la anécdota de Sara completa, sin interrupciones, sobre aquello que se conoce como Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, que tuvo lugar a un año de la Revolución Cubana.

“Tenía una amiga en Caja. Una de las tardes me dice: ‘Sara, ¿quieres ir a La Habana?’ Yo le digo, ‘¿A quién hay que matar?’ Llegamos en medio de 5 mil aventuras, después de que los gringos en Miami se pusieran guachazos y no nos quisieran dejar pasar… En mi vida había visto un hotel. Éramos cuatro mujeres. Los gringos acababan de irse, los hoteles estaban que brillaban. Aprendí mucho sin libros. El primer día que llegamos, como éramos ignorantes totales, no sabíamos qué era el aire acondicionado, entonces lo apagamos y abrimos las ventanas. Pasamos una noche de calores. Los mozos eran los que subvencionaban nuestra estadía. Entonces yo pensé que si ellos nos daban alojamiento lo mínimo que debíamos hacer era tender nuestras camas. La más comunista es la que más protestó. Los chicos comunistas pedían langosta a la Termidor, champagne… ¡Qué comunistas tan raros! Una mañana nos citaron a todos en un piso alto de La Habana Libre, el hotel, y un negrito nos dijo ‘compañeros, los mexicanos han mandado 200 delegados. Se acabó pedir a la carta. Arroz con frijoles desde ahora’.

Yo no me acuerdo de qué hacían mis compañeras. Los primeros días me invitó un muchacho buen mozo a comprar una piña para ver cómo era con ron. Salimos al centro, compró la piña y el ron y regresamos a su cuarto. Yo me volvía loca para saber si la piña era más dulce que la peruana. Qué maravilla ser tan idiota, ¿no? Entonces él ya no estuvo tan interesado en la piña y el ron y empezó a corretearme… era grande, alto. Los hermanos Marx tendrían que hacer mi vida. Era guapo, pero un maldito radical. ¡Mi virginidad fue salvada por una compañía de transportes! Tun tun, la puerta: abrió el chileno y era nada menos que un hombre, y le dijo que venía a hacerle una denuncia porque uno de sus compañeros no había pagado el pasaje. Me escapé.

Nos subieron al tren para ir a Sierra Maestra. Ahí conocí a un argentino. Fue un romance con luna, con tren. Pero de repente paró el tren porque malogró. Yo preferí la Sierra, él fue a la guerrilla. Pero hubo un romance completo, no se preocupe. En la Sierra, estaba el ballet Alicia Alonso. Estaba (Jean-Paul) Sartre. Cuba era lo máximo. El argentino me llevó al Ministerio de Guerra, porque era judío y comunista: lo máximo. En uno de esos días lo vi al Che, habló sobre el petróleo. Yo ni cámara. No entraba en mi cabeza. Después también lo vimos en un estadio con Fidel. Qué bonito, la gente… Fidel estaba medio resfriado, todo un pueblo le gritaba ‘cuidate Fidel’, y esa famosa, ‘qué tiene Fidel que los americanos no pueden con él’. En el tren cantaban las canciones de la guerra civil española.

Del argentino no voy a contar más. Nada de películas pornográficas. Les doy el nombre para que lo busquen: Jaime Levenson. Más judío no se puede.”

*La última función de Especies por el grupo Espacio Libre es hoy a las 22 en la Biblioteca Popular Ciudad Jardín, Boulevard Finca 6500.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Shambala: el reggae más allá de la espiritualidad.-

La banda del oeste del Gran Buenos Aires no se queda anclada en su rincón mítico. Desde hace una década que crece y lleva su mensaje por todo el país, sin darle tanta relevancia al centralismo porteño. En ese camino, no se limitan a responder a un género particular, sus influencias “son muy variadas”: juegan con un gran abanico de estilos que se puede vislumbrar en cualquiera de los tres discos “oficiales”, Reggae Vibes (2001), Grado Latinoamérica (2005) y Rompiendo Barreras (2009). Ahora, se encuentran editando su último trabajo, 10 años, con su sello de creación independiente, Yatay Discos.

Por Pablo Riha
Fotografía gentileza de Shambala

Buenos Aires, diciembre 15 (Agencia NAN-2010).- Una banda del conurbano bonaerense que se caracteriza por la autogestión, que logra fusionar correctamente reggae, cumbia, cuarteto y hip-hop en sus creaciones y que también ha grabado un cancionero popular en registro folklórico cumplió una década de vida. Tanta variedad hace referencia a Shambala que defiende la mixtura y, junto a otros artistas, creó el sello independiente Yatay Discos, con el se encuentra editando su próximo trabajo: 10 años. Igualmente, este grupo de jóvenes artistas no se queda sólo en la conjunción de ritmos y apuesta además por la amplitud en materia de territorios visitados. Es que, fuera de su Buenos Aires natal, repartieron su mensaje por Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Mar del Plata. “Hace 10 años era muy radical la diferencia entre Capital y el Interior. Hoy, hay más plazas para tocar allá. Nosotros íbamos tanto para un lado como para el otro porque nunca le dimos relevancia a hacernos fuertes en la Ciudad de Buenos Aires. Nos motivaba más recorrer las provincias”, remarca Juan Graña, voz y guitarra de Shambala, en una charla con Agencia NAN.

El grupo de músicos no se limita a responder a un género en particular y entiende que “las influencias son muy variadas”, entonces juega con un gran abanico de estilos, a pesar de que, claro está, eligen “al reggae como un modo de expresión”. Si bien actualmente las expresiones vernáculas del ritmo jamaiquino lograron crearse un espacio en la escena musical, cuando Shambala empezó eso no pasaba, o sucedía incipientemente. “Arrancamos hace 10 años, veníamos de tocar en otras bandas, y de una época en que las características para grabar eran muy distintas”, recuerda el vocalista, en referencia a los primeros años del siglo, cuando los artistas del Conurbano que querían inmortalizar su obra tenían sólo dos opciones: acudir a un costoso estudio profesional o apelar a grabaciones “caseras” con grabadores de dos canales.

Luego, el uso de la computadora aportó un nuevo nivel de calidad y entonces entre algunas bandas musicales emergentes de la zona oeste se animaron a armar una nueva forma de producción (PC mediante) de forma autogestionada. Así surgió Yatay Discos que posibilitó que las bandas que lo conformaron, tuvieran la posibilidad de modificar y moldear a sus sonidos registrados en los estudios. Será por esta historia que atravesó a Shambala desde sus inicios, o por una búsqueda exploratoria semi-oficial, que la banda registró además de sus tres LP de estudio, algunos trabajos “caseros”.

En la última década la banda originaria de Morón debutó con una placa “experimental” como Reggae Vibes (2001), y editó oficialmente también Grado Latinoamérica (2005) y Rompiendo Barreras (2009). Pero además, dentro de las iniciativas “piratas” de Yatay, difundió a las “grabaciones amateurs” de Bonita Remix (2002), Reggae Vibo (2003), Ancha Añanchayqui (2004) y Cancionero Popular (2007). “En un disco oficial se usan muchos recursos económicos y empezamos a jugar con eso. Las cosas más estructuradas las grabamos en un estudio, pero cuando quisimos hacer un cancionero popular al ritmo de Shambala, lo hicimos en casa para mantener nuestro ritmo de producción”, comenta Graña.

La banda tenía la idea de producir un álbum de versiones, pero se encontraron con que el abanico de autores y ritmos era muy amplio para ellos. Graña graficó la experiencia: “En lo cotidiano nos juntamos a tocar con guitarras y charangos y por ahí nos ponemos a hacer un tema de Bob Marley, seguimos con uno de Jacinto Piedra y cerramos con uno de Divididos. Entonces, nos pareció muy vasto hacer un disco de versiones completo. Entonces nos quedamos con la música popular que es donde más se notaba el cambio de producción musical y se iban a notar más las reversiones”.

Aunque no lo trasladan a los recitales en vivo, los integrantes de la banda se animaron a versionar en Cancionero Popular temas de Atahualpa Yupanqui; del cantante panameño Rubén Blades –-autor de letras como “Desapariciones” y “Tiburón”--; del cantautor español Joan Manuel Serrat; y de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera.

A diez años de haber empezado, el referente de Shambala recordó la formación original que grabó Reggae Vives, la primera placa, a la que rememora como un disco “con mucho de experimental”. Luego, como el sonido del material registrado y el de los shows en vivo era diferente, comenzaron a difundir el CD “pirata” Bonita Remix. Luego llegaría Ancha Añanchayqui (“muchas gracias”, en quechua), un “compilado de rarezas”, según define el propio Graña. Y una selección de temas que habían quedado fuera de placas anteriores y presentaciones en vivo resultaría el antecesor de Grado Latinoamérica (2005).

Con varias obras sobre sus hombros, el cantante de Shambala reflexionó sobre la actualidad de la música popular y se mostró en contra del estereotipo del rockero rudo, gritón y farandulero. “No compartimos la idea del rock de llamar la atención escandalosamente y tampoco nos gusta la pelea por ser el número uno. Respetamos a la música toda por igual, aunque alguna nos guste más que otra”, definió. Y continuó: “Queremos un cambio de premisas en el rock, como la posibilidad de tocarlo con guitarras limpias. Nosotros usamos mucho el reggae y desde ahí nos abrimos, porque creemos que la música popular no responde a géneros”.

La banda también participa de movidas solidarias, aunque aclara que lo hace “lejos de la beneficencia”. Por eso, privilegian estar cerca de quienes se acercan a sus recitales y apoyan iniciativas solidarias donde los invitan a participar. Durante el verano de 2011 planean tocar en la Costa Atlántica y visitar Brasil con el propósito de “activar contactos” para difundir el mensaje de Shambala. ¿La forma? Ir con guitarras y discos en mano a radios de diferentes pueblos y ver si aparece la posibilidad de tocar.

Como símbolo de festejo, la banda --que se completa con Pablo Paz (en guitarra y voz), Analía Arce (coros), Leonardo Fabrizio (teclados), Leonardo Labra (bajo) y Mariano Santanatoglia (batería)-- está preparando el próximo disco (casero) que festeja la primera década de Shambala y se intitulará, justamente, 10 Años. Quizá llegue –-según adelantan-- antes de Navidad.

martes, 14 de diciembre de 2010

Melina Sarmiento en Wayqe Trinidad.-

Durante la madrugada del jueves, Melina Sarmiento, la cantante de Noches Florentinas, dedicó una hora a canciones románticas y sentidas capaces de recorrer los desiertos mexicanos, donde la soledad pesa y provoca deseos de ajusticiar al hombre que provocó tanto desamor.

Por Carolina Sánchez Iturbe

Un santo e inefable fervor anidaba en aquellos sonidos, que temblaban a veces apenas audibles, como susurros misteriosos del agua, para aumentar luego, dulce y agriamente, como lamentos de cuerno bajo el claro de luna
[Noches Florentinas, Heinrich Heine]

La Plata, diciembre 14 (Agencia NAN-2010).- La sordidez de la oscuridad es el lugar donde pueden cohabitar sin complicaciones los mayores encantos con los más terribles pesares. Así, durante las noches, esas manos que acariciaron en penumbras pasadas, saben convertirse en fantasmas que, sin tregua, conducen a las lamentaciones más profundas, aquellas con las que todo parece irreversible y sólo resta desear que un buen trago de tequila funcione como la solución apresurada ante tanto desconsuelo. Aunque, claro, de fondo la melancolía de un sonido desesperado no permita más que recordar una y otra vez que el mundo no ha sido bueno.

Durante la madrugada del jueves, Melina Sarmiento es el recuerdo constante de ese desamor. La voz desesperada y triste que entona rancheras mexicanas en medio de La Plata. Y aunque en la ciudad de las calles en diagonal no sea habitual olvidar las penurias en una cantina, el sentimiento es el mismo: el peso de la soledad aprisiona y, en el mejor de los casos, provoca deseos de ajusticiar al hombre que provocó tanto desamor.

La noche comenzó complicada. Ante un bar lleno de gente, el sonidista y sus acoples prometían ser los dueños de cuanto improperio flotase durante las próximas horas dentro de Wayqe Trinidad, el nuevo local de la ciudad dispuesto a abrir sus puertas al arte platense. Sin embargo, cuando Melina Sarmiento sube al escenario, todo cambia. La compositora y cantante de Noches Florentinas, la banda que nació casi de casualidad en 2006 luego de que Sarmiento convocara a un grupo de músicos para editar su primer disco solista, es dueña de ese tipo de magnetismo que pocos seres llevan consigo, siendo capaz de, con su tono de voz dulce y apesumbrado, enfocar toda la atención en sus canciones que, pronto, se convierten en una interpelación constante a mirarlas de frente, sentirlas en la piel y, finalmente, desarrollar empatía.

Casi como una declaración de principios, todo comienza con “Noches Florentinas”, la ranchera que narra con detalle ese “domingo más que se diluye en sombras”, mientras la guitarra de Melina Sarmiento juguetea con el slide de Jorge Vimercati y el violín de Fernanda Ortega. Segundos después, llega con forma de vals con reminiscencias mezcaleras la “Historia maldita” en la que puede devenir el enamoramiento con sus temores y certezas.

Tras los aplausos que cosecha el buen principio de Melina con su voz, guitarra, vestido negro y medias red rojas, los músicos cambian: aparece en escena el teclado Fernando Alaniz y el slide, finalmente, se disuelve para dar paso a “Lo que hay” y, posteriormente, a “La llorona”, la versión platense de la canción popular mexicana que cuaja perfecta con el sonido western impreso por la banda y la entonación grave de Sarmiento, dispuesta a pronunciar una y otra vez que quien “no sabe de amores, no sabe lo que es martirio”.

Con el final de “Castigo”, suena “Son risas y risas”, la balada oscura e introspectiva que pide que, aunque sea mentira y signifique inventar una historia, alguien diga que todo es color de rosas, una seguidilla de sonrisas frente al dolor, que con la noche adentrada ya es ineludible.

“¿Será el bosque y los cuerpos? Arrullando el deseo, me voy hacia otra orilla. Desciendo y desespero”, dice Melina en “Penumbras”, cuando el recital está próximo a terminar --sólo resta “Luto sin fin”, la canción que será merecedora del aplauso generalizado del final--. Y, entonces, ya no caben dudas: en la sordidez de la oscuridad pueden cohabitar sin problemas la dulzura de una voz y todo su pesar frente a la desesperante soledad.

Web: http://www.nochesflorentinas.com/
MySpace: http://www.myspace.com/nochesflorentinas

lunes, 13 de diciembre de 2010

Libros: “Exex, la mujer del bigote” (Pablo Paniagua, 2010).-

La blogonovela saltó de la pantalla al papel sin mayores innovaciones, pero no pierde su impacto mediante un relato que sienta sus bases en los géneros negro y erótico.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, diciembre 13 (Agencia NAN-2010).-
En su cruzada por fundar una “nueva literatura independiente” vernácula, el escritor Pablo Paniagua otorga en papel la blogonovela Exex, la mujer del bigote (Literatura Indie), que aún se puede leer en diez entregas y de manera gratuita en http://www.bigotuda.blogspot.com/. Lamentablemente, aquí la autogestión es sinónimo de prepotencia y no de excelencia (y en ese sentido no derrumba el prejuicio de necesariedad). Si la blogonovela de Paniagua es el laboratorio, el libro no supera al experimento, aunque la droga resultante propine un flash interesante.

Como el título de la novela lo indica, la protagonista es una mujer con mostacho, atributo natural intra relato. Pero lo llamativo del caso es que la bigotuda de 19 años es una modelo del jet set. Es que el grotesco es el costado que Paniagua exalta en sus seres metropolitanos, y a través de ese recurso vuelve marginales a los que no lo son de una sociedad en la que el sujeto anda con un termómetro de dinero en el culo. El glamour de Nueva York contrasta con su podredumbre individualista: están el proxeneta, el alcohólico, la prostituta e incluso un niño que desea terminar con su vida; arquetipos, poco singulares.

Se ha dicho de Exex... que mezcla los géneros negro y erótico y que posee una estética cercana a la de las viñetas. Y es cierto: los ambientes son oscuros; los crímenes, sangrientos; y los actos sexuales, potentes. No obstante, la novela es sobre todo una sátira, pues el autor sobrepone su indignación por la moral de esta sociedad líquida con irónica y lúdica suspicacia, mundo en el que la flamante “diva” será víctima de diversos tipos de violencia.

A pesar de algunos errores ortográficos y sintácticos, la lectura Exex... es fluida, y eso por la catarata de situaciones que el autor propone párrafo a párrafo y que vislumbra una imaginación hiperactiva y un sentido del humor siempre ácido.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Destravarte: el arte que sale del closet.-


En una escena dominada por la mirada heterosexual, con poca cabida para expresiones de artistas transexuales e ingresos desde el prejuicio, el grande de la improvisación Mosquito Sancineto ideó un festival con tres capas: la política, la social y la cultural. Con espectáculos y mesas de debate, se busca integrar y visibilizar una particular visión del mundo, así como también promover derechos.

Por Esteban Vera
Fotografía gentileza de Destravarte

Buenos Aires, diciembre 10 (Agencia NAN-2010).- El actor Fabio “Mosquito” Sancineto --emblema de las artes escénicas alternativas--, tiene en claro los objetivos de Destravarte, el festival de arte trans de Buenos Aires: integrar y visibilizar a artistas transexuales para promover sus derechos. Su trayectoria reseña alguna de las dificultades de los trans y travesti para forjar una carrera sobre las tablas o en el celuloide. Mosquito comenzó su carrera en el ’79 en el séptimo arte y esporádicamente en ficciones televisivas. “A partir de decidir quién soy me cerraron todas las puertas”, recuerda Mosquito, de crencha fucsia. Por aquellos días de constantes “no”, transcurrían los últimos años del alfonsinismo y el varieté ya se había instalado en los reductos del under porteño. Con la negativa de productores y directores Fabio vivió una metamorfosis obligada: nació Mosquito, una criatura un poco travestida, pero muy provocadora, que debe su nombre al personaje que Fabio había interpretado en Los chicos de la guerra. En pleno rodaje del film, el director Bebe Kamin lo bautizó con ese nombre, antagónico al personaje al que le ponía su cuerpo, llamado El Gordo, pero claro, Fabio era flacucho. Entonces, Kamin lo renombró por su forma esbelta y ojos grandes; y el apodo quedó. Por entonces, conoció a su maestro de teatro Norman Briski y comenzó a jugar con la ambigüedad sexual, encabezando espectáculos.

A su costado, Julia Amore, actriz trans que ganó dos premios Estrellas de Mar, añade: “Mosqui no entra en un catálogo, porque no es transexual, travesti, homosexual, en fin, no se sabe qué es y eso lo hace más diferente y a la vez más único más allá de su elección. Es que no se puso tetas, pero tiene cara de mujer, pero habla como hombre, pero tiene energía femenina. Y como no está definido, esa rareza hace que se lo segregue más.” Hoy, Mosquito y Amore organizan la segunda edición de Destravarte, que tendrá lugar del 13 al 15 de diciembre en el centro cultural Caras y Caretas -- Venezuela 370, Ciudad de Buenos Aires--, con actividades gratuitas y entradas de 15 a 20 pesos por espectáculo. “No estamos en contra de nadie, sólo queremos construir un espacio político, social y cultural, un espacio que rompa las categorías rígidas para que fluyan”, explica Mosquito. Amore completa: “Queremos forjar un espacio libre de expresión y autogestión artística, alentar la creatividad de artistas, para integrarnos verdaderamente y no terminar enghettados.” En definitiva, la cosa es así: incluir a través del arte, como lo sugiere el nombre del festival.

De todos modos no se trata de un “arte trans”. Mosquito y Amore coinciden en remarcar que no buscan que se los etiquete como arte de género, porque eso implica “enghettarse”, es decir, arrinconarse y ser arrinconados (en un closet) por ser diferentes. “Por lo pronto, hoy los artistas transexuales tienen muy poco espacio y cuando lo tienen siempre es desde la mirada heterosexual dominante, por ejemplo, la travesti burlada a la que le dicen ‘che, macho’”, se queja Mosquito. Amore arremete: “Somos la mujer barbuda del circo, somos la anormalidad”. Y Mosquito remata: “A mí ya me hincho las bolas ese papel y por eso queremos romper el modelo cultural vigente”.

Entretanto, la blonda comenta, con la frente en alto: “Somos pocos y pocas los que tratamos de vivir del arte y cuando lo hacemos nosotros debemos forjarnos un espacio para poder expresarnos”. “Si no, hoy tendría un kiosco y una panza así”, se muestra orgulloso Mosquito, dibujando una silueta prominente en su abdomen. Así, los organizadores de la actividad apuntan a transgredir el arte en clave heterosexual, dominante por estos días, y con estereotipos hacia los otros distintos. “Incluso en el teatro alternativo hay muchos prejuicios. Hay muchos buenos guionistas y directores de teatro, pero son pocos los que se animan a tener a una travesti en sus obras por prejuicios, por pelotudeces, por no arriesgar”, comenta el ideólogo de Destravarte. Igual el entusiasmo no decae, sino que va en alza: “Esto recién empieza, ya que no somos el final de una etapa, como los periodistas destituyentes o las señoras que almuerzan en la televisión, que cada vez son más malos, más jodidos, sino que somos el comienzo”, sostiene el director del encuentro.

Mosquito, creador, director y anfitrión del festival, brindará una clase abierta de teatro, con entrada libre y gratuita. Tendrá lugar el miércoles a las 13. Él supo ser un actor “convencional” y reformularse en un cultor y teórico de la improvisación como técnica de las artes escénicas hasta ser cabeza del reconocido Match de improvisación. Mientras, Amore, que por estos días actúa en Feizbuk, de José María Muscari, participará en el encuentro con su unipersonal de humor Solas. “Estamos un escalón adelantado al resto, estamos en la vanguardia, hacemos espectáculos que no se les ocurren a nadie como los match, que antes no los hacía nadie y ahora hay 700 mil shows y nadie se acuerda de Mosquito. Todo bien, pero es así”, argumenta el hacedor del encuentro.

En los tres días del evento se podrá acceder a una diversidad de actividades, desde exposiciones de fotos, pasando por obras de teatro, cortos, recitales de poesías, clases abiertas de teatro, a recitales de poesía. Del encuentro participará la artista plástica Elena Tabbita, que tuvo que vivir en Francia varios años de la prostitución, mientras pintaba en secreto, hasta que sus cuadros empezaron a ser anhelados. Tabbita expondrá sus obras junto con Alexie Ramirez Serrano, Petit Sui, Damián Massotta. Y los fotógrafos Sebastián Freire, Andrea Ferrando, Marina Acosta y Rodrigo Pradel. En tanto, la poeta Naty Menstrual recitará poesías y su colega Fernando Noy será homenajeado por su activismo por la diversidad sexual.

El derecho a elegir un nombre

El festival se enmarca en la lucha por los derechos a la diversidad sexual, que desde hace unos pocos años logró introducirse en la agenda mediática y política. Pero mientras en la Cámara de Diputados espera tratamiento un proyecto de ley --presentado en 2007 por la entonces diputada Silvia Augsburger del Partido Socialista, y reimpulsado por la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt)--, Amore todavía no cuenta con un DNI que reconozca su identidad de género. Justamente, “Ley de Identidad de género y acceso a la salud integral”, será una de las cinco mesas debates del festival. Contará con la participación de Marcela Romero (transexual reconocida por su militancia en favor de la diversidad sexual y titular de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina), Lohana Berkins (Cooperativa Nadia Echazú), Alba Rueda (100 por ciento Diversidad y Derechos) y Claudia Puccini, de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Precisamente, el eslogan del festival es “Disfrutemos nuestra identidad”. Y para ello, “a través del arte queremos visibilizarnos”, concluye Amore.

jueves, 9 de diciembre de 2010

La ruta hecha sala de proyección.-

Una pantalla, un proyector, equipos de sonido y medio centenar de ficciones y documentales de cine independiente. Todo eso a bordo de una camioneta con la que una cineasta y una periodista recorrieron, durante dos años y medio, pueblos recónditos y barrios periféricos de América latina con un objetivo: “Llevarle al pueblo los mensajes que le niegan.”

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Cine a la Intemperie

Buenos Aires, diciembre 9 (Agencia NAN-2010).- Un buen día una idea desafió las cabezas de Griselda Moreno y Viviana García, las tomó por asalto y ya nos las dejó en paz. Les llevó poco más de dos años darle vueltas al asunto para poner en práctica el germen que mucho más pronto ya se había convertido en la razón de sus vidas. Contada al pasar, la cuestión no sería gran cosa: proyectar trabajos de cine independiente en diferentes países latinoamericanos. Pero las pibas se la buscaron difícil. La idea era cargar una pantalla, un proyector, un par de parlantes y unas 50 películas y documentales de realización independiente y autogestiva en un auto que, conducido por ellas, recorrería un trayecto por pequeños pueblos alejados de las urbes y barrios periféricos para ofrecer los films en lugares no convencionales. “Hay una necesidad imperiosa de difundir el cine independiente por otras vías que no sean las salas comerciales y de llevarlo a las personas que no tienen acceso a él”, explicó Griselda. ¿Por qué ese cine? “Porque es el que propone una manera discursiva nueva, es el que denuncia, el que hace hablar al pueblo.” ¿Por qué ofrecerlo en los “márgenes”? “Porque tenemos el compromiso de acercar a ese pueblo los mensajes que se le niegan.” El bicho que no paró de zumbar en los oídos de ambas, una periodista-fotógrafa de Salta y una cineasta platense, se convirtió en Cine a la Intemperie, un proyecto que entiende que esa disciplina “logra traspasar fronteras y es una herramienta de información que, bien utilizada, tiene una fuerza poderosa.” Ah, sí. Cumplieron el sueño, en otros dos años y medio. Y van por más.

La semilla intentó germinar entre cuatro mujeres --Griselda y Viviana compartieron el inicio con dos amigas--. Juntas, se dedicaron un tiempo bastante prudencial a pensar en “lo fundamental: el cómo y el para qué del proyecto”. Aunque el cuarteto se transformó en dupla durante ese período, “muchos amigos y conocidos ayudaron a diagramar detalles y pensar las posibles maneras de poner en funcionamiento Cine a la intemperie”, apuntó la periodista, para comenzar a desandar junto con Agencia NAN pregunta por pregunta.

El cómo

Créase o no, una estanciera modelo '61 trasladó la pantalla, los equipos técnicos de proyección, la maleta con las películas, algunos otros bolsos y el cuerpo mismo de las dos viajeras a través de cada pueblito del noroeste argentino, desde Córdoba hasta Jujuy, pasando por Catamarca y Salta. “Decidimos hacerlo en un auto porque queríamos libertad plena de movimiento, estadía y ruta. Tras mucho estudio de campo, Viviana concluyó que ese estilo de auto era el mejor por lo robusto, por lo amplio, por lo atractivo y confiable. La encontró en Rosario, la fue a buscar hasta allá, la bautizamos Juana, por Juana Azurduy, y con ella arrancamos”, recordó.

El “¡guau!” que despierta en la imaginación de esta cronista --probablemente a los lectores les haya ocurrido lo mismo-- la foto mental de una camioneta chatarrosa sirviendo de cuatro ruedas a una sala cine itinerante acaba rápido --¡perdón!--. Al parecer, el viejo “caño” fue un fiasco. Cuando se rompió en Jujuy “por enésima vez”, las chicas le perdieron la paciencia. En La Paz, Bolivia, compraron otra camioneta, siglo XXI, a la que llamaron Macacha.

Desde Jujuy cruzaron la cordillera hacia el desierto de Atacama, en Chile. Volvieron a Bolivia y presenciaron el referéndum por el “SI EVO”, se toparon con los pueblos ecuatorianos en lucha por el “NO a las Minas de Cielo Abierto”. Llegaron hasta una Honduras “sumida en una crisis social sin precedentes”, pisaron un México “cargado de crímenes impunes y altísimos niveles de feticidios”, una Nicaragua que cumplió el decimotercer aniversario de la Revolución Sandinista. Descubrieron a un Salvador “con una pujante equidad de géneros”, una Costa Rica que “se opone a la instalación de granjas atuneras en el frágil ecosistema del Golfo Dulce” y un pueblo cubano “cargado de un gran espíritu luchador, de amor, solidaridad y hospitalidad”. De regreso, las sorprendió un Paraguay que “surge misterioso ante el mundo”. “Encontramos que las realidades de América latina son tantas como las personas que la habitan”, remarcaron las viajeras.

“En un principio, fuimos nosotras las que dijimos ‘queremos ir acá, allá y allá’, pero luego, a partir de la difusión del proyecto por los medios de cada lugar, nos empezaron a conocer y a invitar desde pueblos, campamentos, lugares lejanos y demasiado cercanos, pero olvidados. Nos escribían explicándonos por qué querían que estemos ahí, una locura...”, agregó Griselda.

Viene bien aclarar en este punto de la historia cómo sus creadoras financiaron la concreción de esa locura, en momentos en los que contar con menos de 30 pesos diarios en la billetera es una condena segura a la pobreza. Para arrancar, Viviana “vendió todo lo que pudo” para ahorrar recursos “como para arrancar” a andar. Con eso, y con otro poco de fondos que las chicas consiguieron de fundaciones y espacios que “creyeron que Cine a la Intemperie era un proyecto que valía la pena”, empezaron a rodar.

La iniciativa implicaba un desafío geográfico, económico, financiero y convivencial. “Siempre tuvimos una gran convicción de que los objetivos se establecían para ser cumplidos. Y la fuerza, el temple y el carácter para hacer realidad el nuestro.” A los fondos que llevaron de fundaciones argentinas se le sumarían los de agrupaciones y algunas empresas de diferentes países de Latinoamérica, cosa que, aseguraron, no les generó ningún tipo de conflicto ideológico. De cualquier manera, partieron de su tierra con la convicción de que si había que parar a laburar en cualquier lado para cargar de combustible la billetera y seguir, lo iban a hacer.

El para qué

Las amigas consideran que, como jóvenes profesionales de la comunicación, tienen el “compromiso de acercar al pueblo los mensajes que le niegan, que no puede ver porque no se los ofrecen”. A diferentes civilizaciones alejadas de los centros poblacionales o en los barrios marginales de las ciudades capitales llegó Cine a la Intemperie, “porque el aislamiento también se experimenta en el seno mismo de las urbes, en la pobreza, en las cárceles, asilos, hogares, correccionales de niños. La idea del viaje fue convertirnos en una pantalla de difusión”, metaforeó Griselda.

Para mejor comprensión, Griselda amplió: “El cine es un gran medio de información que puede llegar a generar grandes cambios”, en particular el independiente porque es el que contiene mensajes altamente comprometidos con la sociedad, porque no entra en los parámetros comerciales, porque propone una manera discursiva nueva, porque denuncia. Es el que dice, el que hace hablar al pueblo” y porque además --“algo fundamental”-- tiene que ver con “cambiar cosas establecidas, generar nuevas pantallas para poder ver realidades escondidas”.

Pero ojo, que la idea no fue nunca llegar, conectar los equipos y proyectar nada más. Cine a la Intemperie llegaba y entendía al pueblo al que arribaba, sus problemáticas, sus costumbres y necesidades, y a partir de ahí elegía el audiovisual a ofrecer. “El proyecto depende de eso. Consideramos que a través de imágenes en movimiento podíamos acercar a pueblos que, lejanos entre sí, comparten luchas”, como fue el caso de Ecuador, en donde a una población campesina en lucha por la instalación de las mineras le acercaron la misma batalla argentina con el documental Acecho a la ilusión. A cada proyección le seguían foros de debate en cada lugar.

Sin embargo, la meta original no fue estática e inamovible. Griselda y Viviana empezaron a elaborar un camino en el que el crecimiento a doble vía fue la clave. Porque “las personas crecen en ideas y los objetivos se expanden. Entonces nos convertimos en un puente de interconexión de realizadores y realizadoras de América Latina”, con el nacimiento de la Red de Cines Móviles de América Latina, que nuclea –y aguarda por más adhesiones—a 13 proyectos similares al de las chicas de siete países de América latina y Holanda, a instancias del Festival de Internacional de Cine de Puebla, del que participaron como invitadas especialísimas. El fin último de la red es poder armar el primer cine rodante latinoamericano de funcionamiento permanente: “Si nosotras lo estábamos logrando, por qué no fortalecerlo y potenciarlo con un equipo plurinacional”, se preguntaron. ¿Por qué no?

La cineasta y la periodista-fotógrafa regresaron a la argentina hace poco más de un mes, con varios otros sueños cinematográficos en el baúl de Macacha, además de varios reconocimientos de los Estados a los que visitaron, entre elle la declaración de Proyecto de Interés Cultural de la Secretaría de Cultura nacional, y de otras tantas organizaciones. Durante 2011, planificarán nuevas giras por éste y otros continentes y presentarán el documental y el libro que nacieron de la travesía --ambos en proceso de producción--. Porque, al fin y al cabo, Griselda y Viviana siempre soñaron con contar historias. “Ahora es el turno de narrar la nuestra”, se despidió la viajera, de paso por Buenos Aires y ansiosa por volver a casa: “Hace dos años que la familia me espera.”

Cine a la Intemperie: www.cinealaintemperie.com.ar
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